Quienes Somos Quiénes Somos


Pesque usted en la red

Eche su anzuelo sobre un pez y descubra algo nuevo

Marlango trae al circo a sus amigos

25-01-2008 - Daniel Jiménnez
Enviar a amigo imprimir archivo
Marlango trae al circo a sus amigos

La banda que encabeza Leonor Watling ofreció la noche del 24 de enero en el Teatro Circo Price de Madrid un concierto a un tiempo intenso, imaginativo y evocador, pero  que a ratos se volvía aburrido, pretencioso y carente de profesionalidad. En poco más de cuatro años de existencia como banda, Marlango se ha subido a un pedestal que merece y desmerece a partes iguales. Ellos lo saben, y por eso Leonor recordó anoche sus inicios y uno de sus conciertos de entonces en La Casa Encendida, situada en la acera de enfrente del Circo Price, y bromeó: “Por fin hemos conseguido cruzar la calle”.

Como en una tarde cualquiera en el circo, hubo espectáculos que dejaron al público con la boca abierta: la irresistible atracción de Leonor, la fuerza en el piano de Pelayo, la amplitud sonora de Óscar, lo bien que suena la banda cuando están más preocupados por la música que por su imagen de cabareteros y por su puesta en escena. A veces olvidamos que en un concierto la música es el espectáculo y si se recurre con insistencia canina a elementos mediáticos, provocativos e infantiles hace pensar que con la música no basta, y que cuando salen los payasos a escena tenemos que aprovecharlo y sacar a los niños de la grada para hacer pipí.

La noche prometía demasiado, y quizá todos nos creamos unas expectativas imposibles de cumplir. Leonor lleva un mes en nuestra mente por culpa de su hiperactividad creativa y por lo bien que sale siempre en los anuncios publicitarios. El tercer disco del grupo, “Electrical Morning”,  es una constatación de que el grupo evoluciona y de que Marlango ya no suena a esa mezcla entre pop y jazz melódico con toques de chanson française, sino que suena simplemente a Marlango. Y, para colmo, los teloneros No Reply ofrecieron un potente y sencillo concierto con desparpajo, ritmos contagiosos y un buen sentido del humor y del espectáculo que nos hizo creer a todos que la noche iba a ser inolvidable. Y lo fue, pero por motivos casi deshonestos.

Llegó Marlango, y empezó el teatro. Los cinco chicos sobria y elegantemente vestidos de negro con camisa blanca y corbata negra estrecha, muy a la moda. Ella, con un top negro y una falda blanca con el inicio del vuelo en el ombligo, el pelo cardado hacia atrás y dos tupidas coletas, como una bailarina de swing, como una Alicia demasiado crecida para seguir viviendo en el país de las maravillas. En las primeras canciones se notaba cierta rigidez melódica y de actitud, pero aún así los temas del tercer disco sonaron bastante compactos, como 'Shout', y las variaciones en las bases de otras canciones del segundo (“Automatic imperfection”) y del primer disco (“Marlango”) dieron la sensación de estar viendo a un grupo maduro y consciente de su compromiso creativo. 

Poco a poco todos entraron en calor, pero a nosotros nos dejaron fríos. Subieron al escenario Julián López (humorista de Muchachada Nui) a la tromba, Jorge Drexler, cantante y guitarrista uruguayo, y Suso Sáez, músico y productor. La banda perdió su esencia y no ganó nada a cambio más que cometarios del público sobre la pareja de cantantes que, como dijo Pelayo, son novios. Leonor se empapó de sí misma y quiso llevar su voz por lugares desérticos, mientras que su cuerpo perdía elegancia y ganaba primitivismo por el torpe y prescindible jueguecito de miradas y de falsetes seductores con Jorge. Drexler, por su parte, demostró por qué habla en lugar de cantar destrozando la melodía y la letra de “Pequeño Vals” con sus silbidos y su voz triste y atonal. Sáez parecía estar muy lejos, en otro concierto, y al pobre Julián apenas se le escuchaba, a lo mejor como es humorista ni le pusieron micro.

Cuando se acercaba el final del concierto, el trombón y el saxo de No Reply salieron a acompañar al grupo en las últimas canciones, y “Once upon a time” sonó como nunca antes había sonado. Después del bis, las versiones de “Cant take my eyes off you” y de “Everybody's talking at me”, sin ser buenas versiones pusieron una nota festiva y alegre a un concierto memorable por desmerecimiento.

Marlango es mejor que todo esto. Marlango es buena música y un estilo propio, Marlango es complicidad creativa y sensualidad visual, Marlango es un circo sin fieras, sin malabaristas y sin payasos, porque Marlango detiene el tiempo en la cola de entrada, en la sensación irrepetible de asistir a algo único, y vuelves a ser pequeño y tiras de tu madre con tanta fuerza de la mano que ella también siente que esta vez la función va a ser realmente única, porque Marlango nos habla de ser mayores sintiéndonos tan inocentes como cuando éramos pequeños, o estamos borrachos.

Ayer hubo circo, pero no hubo función, o la función que se representó estuvo demasiado cerca de lo circense. Si Marlango hubiera olvidado que estaba en un circo (mediático), a lo mejor el concierto habría sido mejor. Pero entonces nunca se hubieran cambiado de acera.