
La temporada 2008 empieza fuerte: el genial Morante de la Puebla reaparece en Madrid con la expectación y el morbo por las nubes.
Mejor, imposible. O casi. Porque si 2007 fue el año de la reaparición de José Tomás, también fue el de la retirada,a media campaña de otro genio, Morante de la Puebla. Pero éste, tras esa ya clásica 'espantá', que no es la primera vez que ocurre, ha decidido volver a los ruedos españoles, incluido Madrid, tras cumplir sus compromisos en México.
Y, así, la reaparición en Vistalegre del coletudo más mágico, compulsivo, barroco y desigual ,-léase José Antonio Morante de la Puebla-, ha levantado una enorme expectación torera y mediática -hay más de un centenar de periodistas acreditados-, como corresponde a este genio, heredero de una línea casi extinguida desde la retirada de Curro Romero y Rafael de Paula.
Hasta el punto de que a todos los aficionados -prácticamente está asegurado el cartel de 'no hay billetes'- que se den cita en la cómoda plaza cubierta de Vistalegre -que se adelanta así y le marca un gol a su tival de Las Ventas en la inauguración de la temporada-, poco les importa que vaya a hacer el paseíllo junto al mexicano Rodolfo Rodríguez ‘El Pana’, un veteranísimo coletudo de 56 años.
Además, paladín del toreo bufo más cercano al que hiciera famoso a Manuel Benítez ‘El Cordobés’, -continuado por su hijo Manuel Díaz- y por tanto la antítesis del de la Puebla, que quizás es lo que buscaba la empresa que gerencia el exmatador Julio Norte.
En todo caso, le añade un punto de morbo aún mayor al festejo, que al ser mano a mano garantiza –salvo percance en forma de cornada o lesión, claro- que en lugar de dos, como sería en una corrida normal, Morante mate tres toros. Los suyos. Y ya veremos qué ocurre con los que corresponden a su 'rival'.
Por cierto, bicornes de una ganadería muy de su gusto y elegida por él, la de Núñez del Cuvillo, cuyos ejemplares pasaron ayer el reconocimiento veterinario.-, y tenga así la ocasión de embriagar con su toreo de ‘cante hondo’. Mas sin olvidar tampoco que si se tuerce la tarde, es igualmente capaz de pegar un petardo monumental. Lo dicho, el morbo está servido.