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Volando va…

09-07-2008 - TITO B. DIAGONAL
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Volando va…

TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

Y pista que va el artista… Porque, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y volados niños y niñas que me leéis, algo había que hacer por Josep Piqué, para tenerlo en su medio natural (o sea, en el territorio catalán de la sociovergencia, ahora que se ha distanciado del Partido Popular de Cataluña) y, de paso, recompensarle sus servicios de portavoz y ministro de Industria primero y luego de Asuntos Exteriores (aquella prusiana reverencia a George Bush) del gobierno de José María Aznar López. Y, para ello nada mejor que dejarle desplegar sus alas –dicho sea en sentido metafórico—y darle la presidencia de Vueling/Clickair, tras la fusión de las dos compañías aéreas de bajo coste.

   Vale más ser cabeza de ratón que cola de león. O, traducido a términos aéreos, vale más ser cabeza de gorrión que cola de halcón.  Como hay crisis –eso dicen por ahí—nada mejor que, como dijo ZetaPé, las clases bajas se dediquen a consumir, que son las que sustentan todo el entramado de crecimiento del PIB. Muchos pocos acaban haciendo un mucho. Y, así, las gentes aún podrán –mediante créditos, que la Banca no es una oenegé—irse de vacaciones veraniegas. Ciertamente, no lo harán en Grand Class o, al menos, en Business, sino en clase turista de línea aérea de bajísimo coste. De haberlo hecho, por ejemplo, en línea regular de Iberia (la copropietaria de la fusionada Vuelingclickair) encontrarían su clase turista como de lo más lujosa.

   Mi sobrino Luis Edua, por encargo mío, y dada su juventud y su sentido deportivo de la vida, hace quince días que voló en una línea de bajo coste de Barcelona a Londres. (Viaje sólo de ida, que para la vuelta mamá ordenó que fuera a recogerle el jet familiar). A su regreso, y después de pasarse dos largas horas en la bañera con la aplicación de toda suerte de desodorantes para quitarle los aromas –la criatura apestaba a clase baja cosa mala— adquiridos durante su periplo y donar toda la ropa empleada a una oenegé para pobres, en tono desenfadado me explicó su odisea. Mi sobrino favorito habló de la falta de puntualidad (se pasó cuatro horas en el aeropuerto, porque el avión no daba llegado para recogerlos); del poco equipaje que permiten facturar con el billete sin cobrar suplemento; de lo angosto del asiento (él está juncal, pero seguro que si se colocan sillas de tijera, de esas de mitin o concierto juvenil, hubiese estado más holgado el pasaje); del calor que hacía en la cabina de pasajeros (el comandante les sugirió que se quedasen todos en traje de baño, porque la refrigeración, en época de crisis del petróleo, cuesta un huevo de la cara); y de toda suerte de maltratos verbales a cargo de las azafatas y azafatos, quienes, por la pinta, según dedujo Luis-Edua, parecían habitantes de los barrios marginales de media Europa.

   O sea, pequeñines/as míos/as, que en estas estamos. Todo el mundo viaja en avión y en los cielos, claro, siempre hay clases. Como aquí abajo mismamente. Interesante trabajo el que le aguarda a Josep Piqué. Tiene que hacer rentable la nueva compañía que preside. Porque, como toda empresa que se precie, ésta tiene que producir beneficios. Y la mejor forma es reducir costes, aunque al nuevo presidente de Vuelingclickair no se le va a ocurrir reducirse el sueldo a la mitad, que quedaría feo, amén de resultar un pésimo ejemplo para la clase dirigente. Por tanto, tendría que empezar por tener, en cada vuelo, los dos tercios de las azafatas y azafatos en plan becario, que salen baratísimos. En cuanto a los pilotos, todos de los países de la Europa del Este, que se darán con un canto en los dientes percibiendo --¡¡¡en euros!!!— el salario mínimo interprofesional vigente en España. Dada la condición social decididamente baja del pasaje, lo de la limpieza de aviones en tierra –que sale carísima en los costes de explotación—que cada pasajero/a se limpie su trozo de avión. Y, además, que ayuden en la descarga del equipaje. Por otra parte, nada de que los/as pasajeros/as utilicen gratuitamente en vuelo los retretes del aparato. En el avión se embarca convenientemente evacuado de pipí y de popó. El que tenga una apretura, que pague por ello. Un sistema de monedas en la puerta de cada lavabo y listos. 

   Así pues, Piqué ya sabe por dónde empezar. Para las clases bajas, un servicio en consonancia: vuelos de bajo coste, que para eso están en crisis y las hipotecas les han subido un montón. O lo aceptan, o se quedan en tierra estas vacaciones…

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