TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
¿Para qué os voy a engañar, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y depauperados niños y niñas que me leéis? ¿Para qué? Hay que llamar al pan, pan y al queso fromage. Algo así como hacer frente a las duras realidades de la vida moderna, esta vida marcada por la crisis (ahora ya hasta ZetaPé la llama así) de vuestra economía. (Fijaos en el matiz, que he escrito “vuestra”, que no nuestra). Algo no va, cuando en las puertas del madrileño Palacio de la Moncloa se agolpan, en plan ciertamente klinero (de kleenex), los diecisiete consejeros de Economía de las otras tantas comunidades autónomas de España y, además, otros dos, los de Ceuta y Melilla, los entrañables enclaves patrios del Norte de África.
Sí, me estoy refiriendo a la financiación autonómica. Nunca, como en estos días de julio de 2008, un ministro de Economía, el buenazo de Pedro Solbes, se ha visto en situación semejante. Todos se le agolpan a las puertas de su ministerio con carita de “¡¡Dame algo!!”. Esto es una consecuencia de la estanflación estanflancionaria de la que, con mi brillantez habitual, os escribía ayer.
Porque, pequeñines/as míos/as, no hay comunidad autónoma ni plaza de soberanía –española, por supuesto-- del Norte de África que no vea peligrar, como mínimo, su presupuesto de Congresos, Ferias, Festejos, Coros y Danzas Identitarias para el próximo ejercicio presupuestario. Y ya sabéis –o deberíais saberlo—lo importante que es este capítulo en la vida de las Autonomías Patrias. Como que sin él ni se puede funcionar a gusto y, muchísimo menos, aspirar a ganar las próximas elecciones autonómicas. Son algo así como la savia nutricia de todo presidente y consejero autonómico que se precie de serlo y, además de los ademases, tenga aspiraciones –lícitas y de las otras—de perpetuarse en el cargo.
La consigna del Gobierno de España es la de austeridad, pero sin perder las prestaciones sociales de los más necesitados. Vale, ZetaPé, de acuerdo. Hay que ser austeros, (los de abajo, por supuesto) y no pasarse en el gasto público. Escrito queda. Pero, ¿qué hay de las prestaciones sociales de aquellos que están acostumbrados, vía presupuestos autonómicos, a sacarse unos euros dando conferencias en Ateneos rurales, o tocando el bombardino –o el fiscorno o la dulzaina—en la Fiesta de Exaltación del Cangrejo de Río, en Matalascabrillas del Duque, por ejemplo? Eso si nos referimos al aspecto digamos particular. Porque multitud de empresas, de pequeñas empresas, dependen también de este apartado de los presupuestos autonómicos. Os cito unas cuantas: instaladores de tablados para orquestas, colocadores de luces y farolillos, eregidores de arcos decorativos, transportistas, pirotécnicos, autores de discursos, pregoneros de eventos (a gastos pagados, claro), impresores de carteles y programas… Eso sin contar toda la división de la hostelería trashumante: puestos de churros, bocatas y frankfurts; bares ambulantes… Y las atracciones de feria, claro. Y las orquestas… Y los perdedores/as de Operación Triunfo, de bolos por toda la geografía española. Seguro que si sumamos todos los sectores afectados, veremos que componen un buen porcentaje del Pé-I-Bé.
Estamos pues en lo de la austeridad presupuestaria. A eso quiere jugar Solbes con las autonomías, incluyendo Cataluña. Cerrarles un poco el grifo. Que ahorren en lo superfluo. O sea, que menos plazas escolares; nada de AVE; reducción de autovías; frenazo a las infraestructuras; cuentagotas para la atención a dependientes… Esas cosas hay que hacerlas pero con moderación. No es lo que da votos. Lo que da votos es lo de los Congresos, Ferias, Festejos, Coros y Danzas Identitarias… Y no sólo votos, sino que deja una pasta gansa a los contratistas –digitales, que para eso estamos en la Era del Chip- encargados de llevarlo a término. Esas son las prestaciones sociales necesarias para los diecinueve entes autónomos en los que se divide España. Especialmente para los que mandan en ellos. O sea, Solbes, chato, que vas a tener que oírles cantando eso de “Todos queremos más”.