
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Por las mañanas temprano (o sea, a la hora del aperitivo) siempre hay alguno de los compañeros del club que nos trae las últimas noticias, algo así como el parte, de lo sucedido durante las últimas veinticuatro horas dentro del PePé. Por ejemplo, ¿quién ha dicho qué de quién y cómo le ha sentado esto a la Acorazada Mediática Antimarianista? ¿Qué han hecho los muchachos de Esperanza Aguirre en las últimas seis horas para consolidar la cotización precongresual de su lideresa? ¿Cuál es el último de los dirigentes que ha recordado que el PePé es como una gran familia? (Claro, no aclara si es una gran familia bien o mal avenida, más de lo segundo que de lo primero).
Jaime Mayor Oreja, del PePé de toda la vida, es quien ha dado un puñetazo en la mesa, en apoyo de su correligionaria María San Gil, la lideresa del EAH –Eusko Alderdi Herritarren, o sea, Partido Popular del País Vasco—, para decir que antes del congreso de Valencia, van a dar la batalla. O sea, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y familiarizados niños y niñas que me leéis, que ya se ha anunciado una enmienda a la rajoyicidad, que es mucho más que presentarla a la totalidad en el ámbito de la oportuna ponencia.
Mal andan los de la familia pepera. Todos ponen en cuestión la autoridad del presidente nacional, que es como el pater familias. La cosa, internamente, dentro del ámbito físico de Génova Street, queda como que fatal. Entonces, en plan vecindona marujil, los desacuerdos se explican fuera, especialmente ante las cámaras y micrófonos afines. Pero, eso sí, a la hora de sentarse a la mesa del C9omité Nacional, nadie dice ni mú. Los que están en desacuerdo se limitan a excusar su asistencia con las excusas más variopintas. Los semanales maitines tienen la característica de un Oficio de Difuntos. “Morir habemos”, dice uno. “Ya lo sabemos”, responden los otros, todo compungidos y con carita de circunstancias.
Puestas así las cosas, --y no es la primera vez, pequeñines/as míos/as, vez que os lo recuerdo—no es de extrañar que el socialisterío patrio, con ZetaPé a la cabeza y con la sonrisa lobuna de P. Blanco asomando detrás, se froten las manos viendo la confusión en el campo de los filisteos populares. Realmente, Dios les ha bajado a ver. Este tipo de oposición, por ejemplo, ya la quisieran para sí la mitad de los mandatarios mundiales (democráticos, por supuesto). Y no sería de extrañar, ante la escandalera mediática formada, que cada uno de los más conspicuos antimarianistas, este año, por Navidad, recibieran una monumental cesta remitida por la Ejecutiva Federal del PSOE. Ni a Don Fernando VII se las ponían así. Así de facilonas, ¿verdad?
Hace años, pongamos que en 1992, Felipe González decía que se puede morir de éxito. Eran los tiempos de la Expo sevillí y de los JJOO de Barcelona. Incluso ni siquiera había desaceleración económica (y eso que las arcas públicas tenían un déficit de los de soponcio asegurado para Pedro Solbes), pero la euforia colectiva se palpaba tanto en el Gobierno como en la oposición. En cambio, dieciséis años después, la euforia sólo es del Gobierno, pero sin alharacas, en plan risa tonta y meneo de cabeza, mientras que el peperío, a la vista de los líos intrafamiliares, no sólo anda mustio, sino que empieza a sentirse huérfano y abandonado. Una consecuencia más de esa enmienda a la rajoyicididad, auténtico órdago a la grande, que la donostiarra San Gil oficialmente le ha lanzado al presidente del partido.