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Vicky Cristina Barcelona: esto sí que es ciencia ficción

29-09-2008 - L. R. Arias
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Vicky Cristina Barcelona: esto sí que es ciencia ficción

Woody Allen vuelve con su dosis de psicosis, sus personajes bohemios, su élite adinerada, sus confusiones, qué es amor, qué es arte, en qué consiste la vida, la vida es amor, es sexo, es expresión, es bienestar, es un circo, una pantomima, una hipocresía, una locura, un chiste de cabo a rabo.

Esta vez se sitúa en Barcelona y Oviedo y nos hace el favor de enorgullecernos de lo nuestro y los nuestros: Javier Bardem, serio, exquisito, irresistible, sincero, hábil, ganador, razonable, auténtico; Penélope Cruz representa la belleza, la locura, una perfección histriónica, la histeria, es fuerza, expresión, una adicción enfermiza; Barcelona aparece soleada, con clase, de andar por casa (de artistas), grande y recogida, un paseo por la arquitectura gaudiana, un vino, otro vino, lujuria; Oviedo, naturaleza y poesía.

Esto no es España. No esperen encontrarse nada parecido, turistas yanquis. La vida discurre a otro ritmo, los españoles no tenemos esa conciencia de artistas europeos carpe diem ni bebemos vino del bueno hasta reventar de pasión noche sí noche también con cuerpos esculpidos a petición de la moda actual. En España hay sobrepeso, nos deslomamos trabajando y cuando salimos de fiesta bebemos garrafón y nos cepillamos lo que caiga. Y mucho menos hablamos un inglés tan fluido; claro que la mayoría no recibimos la formación de la crema de la crema del business y el artisteo.

Pero Woody Allen permite soñar. Y a quien tenga los pies tan alejados de la tierra como Cristina -Scarlett Johannson en la película- le entrarán unas ganas terribles de irse a vivir a Barcelona, a esperar a que algún ibérico le haga una proposición de vértigo como la que osa brindar Juan Antonio –Javier Bardem- a dos jóvenes americanas que se mueven en un círculo cerrado a unos pocos, tan (in)felices como el resto pero con más tiempo para sus aficiones de alto 'standing' y dinero que gastar.

Efectivamente, Barcelona sale muy bien parada. No hay mejor publicidad turística para una ciudad que convertirse en escenario de una película de un director de culto. En este caso el halago se rinde excesivo al comienzo del film: la narración del aterrizaje de Vicky –Rebecca Hall- y Cristina a la alabadísima ciudad condal es suficiente para justificar las subvenciones que recibió Allen por colgar 'Barcelona' en el título. No le falta razón a la voz en off, pero le sobra intención.

Una película entretenida, hecha con materia prima de calidad y, sí, a la medida del márketing y de los actores a los que quería incluir en la cinta. Tiene buenos puntos de humor –macabro, a lo Allen- y la incertidumbre, el arrepentimiento, la falta de escarmiento en cabeza ajena y los desequilibrios varios no desesperan porque se trata de una comedia, bien ligera, bien construida.

Es una woodyallen descafeinada, repleta de sentimientos llevados al extremo, claro, para revolver un rato el ánimo al espectador que anhela y no se atreve, pero demasiado bello y divertido como para creerse de veras que la historia puede salir de la pantalla grande a adaptarse a la vida propia.

Woody Allen, ese obsesivo compulsivo del sexo y el sentido trágico de la vida, ya no es lo que era, pero no cabe duda de que controla el lenguaje cinematográfico y sabe lo que se hace.