TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Como siga por este camino, la lehendakarisa madrileña, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa de Murillo, llegada al final de sus días sobre esta tierra podría ser hasta proclamada santa por aclamación popular. Sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y aguirreados niños y niñas que me leéis, la presidenta de la Comunidad de Madrid se está poniendo al nivel de santa Genoveva de Brabante como practicante de la obra de misericordia de dar posada a los peregrinos. ¿Qué digo posada? ¡¡¡Maternal acogida!!! Y me quedo corto.
La lideresa del PPdeM encuentra tiempo para todo. Lo mismo para gobernar su comunidad bajo los principios del sano liberalismo (no lo confundáis con el libertinaje y ni siquiera con George W. Bush, que socialdemocratea cosa mala) privatizando todo lo privatizable, que para ir a conocer sobre el terreno los problemas de los ciudadanos de clases bajas en aquellos barrios y poblaciones madrileñas de la periferia en las que gobiernan los sociatas. Esa es la parte más pública de la ejemplar vida de la presidenta Aguirre. Pero luego, en la soledad de su despacho de la Puerta del Sol, cuando los funcionarios autonómicos han ido a tomarse unas cañas, poniendo fin a su jornada laboral, Esperanza le da un repaso a su agenda y se nos transmuta en una auténtica oenegé unipersonal. ¿Quién se encuentra necesitado de cariño y de empleo? ¿Manuel Pizarro, el gran fichaje frustrado de Mariano Rajoy para el 9M? Pues algo habrá que hacer por él, se dice la presidenta y rescatarlo su condición de diputado de a pie por el PePé. ¿Qué tal si muevo los hilos para tenerlo de presidente de Caja Madrid?...
¿Que María San Gil, una especie de Agustina de Aragón frente a los nacionalistas vascos, está hasta la peineta de las incomprensiones propias y ajenas? Nada. Aquí está al quite Esperanza, la madre de todos/as. “Vente p’a Madrí, María”, debe decirle que seguro que te encontramos algo. Y no te preocupes, que llevo cuatro años colocando a gente de otras autonomías, como la gallega. Que cuando se formó la Xunta bipartita, me traje a muchos cesantes a los que les ha ido, como a Lucía Figar, divinamente en la CAM, y sin tener que hacer el paripé de hablar gallego ni siquiera en la intimidad. Si no es un puesto de consejera/o, pues los hacemos viceconsejeras/os y todos tan contentos.
Fijaos, pequeñines/as míos/as, en alguien tan paradigmático como Albert Boadella, el catalán autotitulado Bufón Mayor del Reino. Dijo que ya no volverá a actuar nunca en Cataluña, aunque siga viviendo y ensayando en Rupit (Girona). Pues nada. Aguirre se lo trae para Madrid a dirigir el nuevo Teatro del Canal, la herencia onerosa –20.000 millones de las antiguas pesetas— recibida de los tiempos de Ruiz-Gallardón como presidente de la CAM y que la presidenta se dispone a privatizar, parece que siguiendo los consejos finocaneleros del académico de la Lengua, Luis María Anson, locuaz hasta por escrito.
Y si no hay un cataclismo, a partir del 1 de enero próximo, Boadella se encargará de dirigir el Teatro del Canal, a mayor gloria de Talía, la musa protectora de las artes escénicas y se supone que de Esperanza Aguirre, su bondadosa protectora. Claro que con el dramaturgo-escenógrafo-bufón nunca se sabe. Este es capaz, junto con su grupo Els Joglars, de sacarse de la manga algún espectáculo pirotécnico tipo “¡Pajilleeeros al treeen!”, ahora que, en algunas líneas del metro madrileño, dentro de los vagones primero y último de los convoyes, se practica el onanismo en grupo. De todas formas, quizá Esperanza Aguirre espere que Boadella, a su particular manera, cree algún divertimento escénico en la línea de su “Ubú president”, con el personaje de Mariano Rajoy de protagonista. Y de no ser así, al menos que Albert Boadella saque un sainete con el título de “Albertito alcalde”. Sería un detallazo hacia Mamá Esperanza, la acogedora presidenta de la Comunidad de Madrid, auxilio de menesterosos y consuelo de afligidos. Bueno, y además, de creadora de empleo, que en estos tiempos de recesión es un puntazo a su favor.