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Y ahora Woody…

23-09-2008
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Y ahora Woody…

TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

Pues sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y atónitos niños y niñas que me leéis, a los catalanes no les ha sentado nada bien que uno de los personajes de "Vicky Cristina Barcelona", la última película de Woody Allen, esté cursando "un máster en identidad catalana". Es lo que me han comentado esta mañana (o sea, a las 11:27 UTC, que equivale a la una y 27 minutejos del mediodía) mis queridos Tato Ganduxer, Geni Giral y Quico Boada.  Y no me consta que ellos, salvo el primero (Elisabet –antes Isabel-- l’affaire d’amour de Tato es cinéfila sector a la última), se hayan visto el filme del director neoyorquino. Pero ya se sabe que lo que publica el diario “Avui” (en castellano, “Hoy”) va a misa de doce a los capuchinos de Pompeia (Diagonal, Barcelona) y que todos son bastante fieles al reflejo pavloviano de sentirse poco menos que amenazados ante una ironía no prevista en el manual del buen catalán.

¿Una gracia o una venganza del bendito de Woody? Id ustedes/vosotros saber… Lo cierto es que Allen ha tenido que dar explicaciones a la prensa catalana. Entrevistado en el diario Avui, el cineasta norteamericano, al que la Generalitat del tripartito le había dado sustanciosas subvenciones, ha dicho, con ese original aire de chiquito neoyorquino perplejo ante las adversidades de la vida, que “no sabía que fuera un tema tan candente e intenso”.

Hombre, como excusa, pues como que no queda mal, ¿verdad, Woody? Pero lo cierto es que se olvida del señero ejemplo de George Steiner, al que, en tiempos de Jordi Pujol, le tocó –es que este galardón es como una lotería selecta, ¿sabéis?— el Premio Internacional Catalònia, que lleva aparejada una pasta gansa. Steiner, al contrario que Allen, es un intelectual agradecido. Tan agradecido es que, no hace mucho, entrevistado por Juan Cruz, dijo que cómo se iba a comparar la lengua gallega con el catalán, que es un idioma de una literatura importantísima. Ni que decir tiene que toda la intelectualidad del Antiguo Reino de Galicia se subía por los hórreos y se rasgaba las vestiduras poniendo a caldo de nabizas al susodicho. Luego, el furor de los popes de la cultura galaica remitió un tanto, porque otro hecho, según me comenta mi dircom Horacio Carballeira, distrajo la atención de los patricias y patricias intelectuales. Se trataba de acudir en apoyo de Toñi Vicente, una cordon bleu a la que había sorprendido la Guardia Civil comprando vieiras contaminadas a unos furtivos de la ría de Ferrol.

Pero, pequeñines/as míos/as, estábamos en Woody Allen y lo del peliculero Máster –parece que apócrifo— sobre Identidad Catalana. En menudo jardín se ha metido ese otrora tímido y apocado jovencito judío del Brooklyn. Y todo porque no contó con suficientes asesores para su película barcelonesa. Sí, esos que hoy le critican, pero que hubiesen estado encantados de ejercer de expertos prácticos en la navegación por las procelosas aguas de la Catalanidad con mayúscula.

En fin, que Woody, que a estas horas puede estar pensando en que “Com a Nova York, enlloc” (como en NY en ningún sitio, os traduzco), para congraciarse debería aprender a tocar la tenora, instrumento tradicional para las sardanas. Seguro que le resultará facilísimo, dada su maestría con el clarinete jazzístico. Puede que, incluso, resulte conveniente que pronuncia la frase, el pareado “setze jutges de un jutjat mengen fetge de un penjat” (dieciséis jueces de un juzgado// comen el hígado de un ahorcado). Como buen judío de origen centroeuropeo, a Woody no le costará nada nadita (en catalán, res de res) unir al yiddish familiar y al inglés de NY la lengua propia de Cataluña. Tranquil, Woody, tranquil! Si hasta puede que la pronuncie mucho mejor que el Molt Honorable José Montilla, catalán de Iznájar (Córdoba), presidente de la Generalitat que le subvencionó.

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