No hay duda de que un diario bien posicionado –como La Prensa- ejerce una influencia poderosa sobre la opinión pública. Sus lectores se vuelven fieles cuando el medio demuestra imparcialidad y objetividad, y no los manipula con mentiras. Cuesta mucho tiempo, esfuerzo y profesionalismo alcanzar una jerarquía mediática.
Pero cuesta muy poco tiempo, mucho menos del que se invierte en hacerse creíble, perder el respeto y la autoridad por engañar a sus lectores. Y esto es lo que parece olvidar La Prensa, al intentar manipular la opinión pública con la publicación de encuestas que a la vista de cualquier analfabeta del tema, ha sido realizada para obligar a ciertos resultados.
La sabiduría de las esquinas es proverbial, y ya se comenta en las calles el patinazo que dio el diario al publicar datos intentando favorecer a ciertos candidatos y hablando mal del gobierno. Y no es que no se sepa que el que paga manda, y que las encuestas pueden ayudar a quien las paga a modificar la percepción de la sociedad. Pero no engañando tan desvergonzadamente, como ha hecho La Prensa, el diario libre de Panamá, que ahora empieza a ser prisionero de sus mismos miedos.
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