El resultado de un trabajo organizado, apartado de los corrillos políticos, sin la alineación partidaria y enfocado en las ventajas del país, empieza a dar frutos tangibles y mesurables: Panamá se ha colocado en el tercer lugar como país preferido para viajes turísticos, entre los posibles destinos latinoamericanos. Solo República Dominicana y Costa Rica están por delante de Panamá.
El sector turismo aportó al país 6 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) y se colocó en tercer lugar detrás de sus vecinos, la caribeña dominicana, con 11 por ciento y su más parecida vecina, Costa Rica, con algo más del 7 por ciento. Los índices invitan a la inversión extranjera a fortalecer su presencia en el istmo, calificado como un territorio de extrema riqueza ecológica y extraordinaria biodiversidad. La nota es clara: el conjunto de países latinoamericanos alcanzó la cifra de 60 mil millones de dólares de ingresos por turismo.
Los modelos se importan, y solo en algunos casos el sello nacional logra orientar la filosofía de los proyectos. De los múltiples proyectos inmobiliarios -que son parte de la asonada turística- solo algunos son producto de promotores con una visión universal que acepta la supremacía de las experiencias vernáculas, para sumarlas a las propuestas que han resultado exitosas en otros países.
Mientras, la metrópolis cabecera y el país viven una especie de desenfreno financiero, donde los capitales desarrollan estrategias para ubicarse en los nichos con mayor potencial económico y posibilidades de éxito comercial. Las inversiones extranjeras prefieren los valores seguros: desarrollo de la tierra, atendiendo las previsiones de los planes maestros.
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