
Ingrid Betancourt no sólo ha regresado a la vida misma. La mujer símbolo del conflicto colombiano, que ha logrado conmover no sólo a su país, sino al mundo entero, ha regresado también, de sopetón y con bombardeo mediático, a la vida política que dejó al partir.
Tras la buena noticia, prever que el primer testimonio, las primeras declaraciones, incluso las primeras fotos, podrían tardar días o incluso semanas, era algo razonable.
Era lógico pensar que los besos, abrazos y cariños a todos aquellos familiares y amigos a los que no ha visto en estos seis larguísimos años con sus cuatro meses, coparían toda la agenda de la ex candidata presidencial durante sus primeros días libre.
Pero no fue así. Tras el rescate, Betancourt tuvo tiempo de sobra para las cámaras, las fotos, las conferencias, las preguntas, las declaraciones. El encuentro con su madre y con su esposo fue además un hecho del que participaron los televidentes de todo el mundo.
No era descabellado pensar que en su primer día libre, Betancourt quisiera quedarse en casa, con su familia, lejos de las cámaras y los flashes. Pero no. La ex candidata anduvo todo el día mostrándose a los medios y hasta ofreció una conferencia de prensa junto al presidente Uribe que la mayoría de colombianos vio desde su cama antes de dormir.
Las primeras declaraciones de Betancourt, luego de ser rescatada, fueron netamente políticas. “Una de las mejores cosas que le ha podido pasar a Colombia fue la reelección del presidente Uribe”.
Hay más. En su segundo día libre dijo que le parecía interesante la segunda reelección del presidente colombiano. Es decir, un porotazo político para Uribe de parte de la mujer que hoy por hoy debe ser la más popular y la más querida de toda Colombia.
El reencuentro con sus hijos, a quienes –repito– no veía hace más de seis años, fue un show mediático. Ellos llegaron al aeropuerto de Bogotá desde Francia, y ella los esperó en la pista de aterrizaje junto a un enjambre de periodistas. Lloraron, rieron y se abrazaron a través de la televisión mundial. Y encima se fue a Francia y dio otra conferencia con Sarkozy.
Hablemos claro. Cuando Betancourt fue secuestrada, sus posibilidades de ganar las elecciones colombianas eran prácticamente nulas. Ahora, con el boom mediático que ha significado su liberación, es claro que su intención no es precisamente ganar el Príncipe de Asturias al que ya la quieren postular. Ingrid quiere, eso es evidente, la vida que tenía antes de partir.
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