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Obra de teatro 'Festen'
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Obra de teatro 'Festen' (Foto: marcosGpunto)

'Festen': hipocresía familiar, brutal y corrosiva

Magüi Mira sube a las tablas delCDN ‘Festen’, una intensa e interesantísima adaptación teatral de la película del mismo título, de Thomas Vinterberg, un filmque revolucionó el panorama cinematográfico junto a los trabajos de los también escandinavos Lars von Trier, Søren Kragh-Jacobsen y Kristian Levring. Todos estos nombres están ligados al conocido movimiento Dogma, que, a mediados de los 90 del siglo pasado, se obstinó en crear un cine sin artificios estéticos realizado casi exclusivamente en planos secuencia. Esta forma de rodar facilita el trabajo de los intérpretes, que no se ven sometidos a los continuos cortes del plano-contraplano aunque, al mismo tiempo, limita bastante un lenguaje -el cinematográfico- que permite como ningún otro jugar con el factor tiempo, con una naturalidad asombrosa y con la que, desde el primer momento, se familiarizó todo el público. El tiempo ha demostrado que el mundo del cine no ha querido renunciar a esas posibilidades.

La historia de ‘Festen’ es cruda, cruel y corrosiva y, básicamente, trata la inmensa dosis de hipocresía que hay en el seno de una familia acomodada que mantiene las formas durante decenios aunque todos sus miembros conocen, en mayor o menor grado, el gran secreto que tiñe de negro la existencia de todos: el padre somete a abusos sexuales sistemáticos y permanentes a dos de los hermanos, un niño y una niña mellizos.

Considerado el asunto desde el ámbito social, en realidad, la metáfora que se presenta en escena puede trasladarse a toda una sociedad, a toda una época en la que los líderes políticos pueden construir una realidad virtual que por diversas razones nadie se atreve a romper si considera que tiene mucho más que perder que ganar. Es como la fábula del rey desnudo, pero trasladada a nuestros días en donde un régimen político (léase fascismo o comunismo, los resultados son idénticos…), utiliza todos los resortes que tiene en su mano -incluida la violencia extrema, por supuesto-, para extender una idea que, muchas veces, se da de bruces con la realidad. Si el “papá” estado dice que somos felices, ¿quién se atreverá a asegurar lo contrario? Si lo hace, ya sabe que las consecuencias pueden llegar a ser irreversibles.

La fábula se desarrolla en medio de una escenografía firmada por la misma Magüi Mira y Javier Ruiz de Alegría, el interior de una casa acomodada de amplios espacios, aséptica, funcional, al más puro estilo escandinavo. Una gran mesa en el centro, rodeada de siete sillas, un piano en uno de los extremos del escenario y en el de enfrente, la puerta de acceso al gran salón. Allí se va a celebrar la fiesta del 60 cumpleaños de Helge, el padre, y con ese motivo se reúne toda la familia. Pero la fiesta se ve muy pronto empañada por la declaración frontal, a bocajarro, de Christian que al fin se atreve a confesar en voz alta y públicamente el incesto al que su padre ha sometido a él y a su hermana gemela, que acaba de morir, cuando eran niños. A partir de ahí, lo que prometía ser una fiesta inolvidable, llena de música, canciones y platos exquisitos, se transforma en una reunión catárquica, brutal, atroz y corrosiva de donde nadie puede salir ya indemne. ¡Hay que matar al padre!, es la idea que parece flotar en el ambiente, y, una vez desvelado el gran secreto, ya nada va a ser igual en la familia de aquí en adelante.

El clima de transgresión, de violencia -contenida al principio, expresa después-, el universo cerrado, críptico, hace intuir al espectador que allí hay gato encerrado. En él los papeles de sus miembros están muy definidos, son presentados de forma brillante por Magüi Mira, aunque con desigual calado en función de los personajes concretos. El padre violador es Roberto Álvarez, y la madre, Else, Carmen Conesa (estupenda, en su papel de cómplice sometida y ausente de las fechorías de su marido); Christian es Gabriel Garbisu, introvertido, atormentado y en permanente lucha interior hasta que se decide a hablar; Isabelle Stoffel es Linda, su hermana suicida, elegante, enfundada en un precioso vestido largo de color rojo (único tono de color que utiliza Lorenzo Caprile, diseñador del vestuario, ya que al resto de los personajes los viste de negro), la que es la voz de la conciencia y deambula entre padres, hermanos y cuñados sin apenas pronunciar palabra; Michel, el hermano pequeño, y su mujer, Mette, son Manu Cuevas y Carolina África, respectivamente, un matrimonio que sabe en cabeza propia lo que es la violencia doméstica; Helen, Clara Sanchís, en el papel de una antropóloga un tanto descentrada, que colecciona novios y el de turno es Fabrizio (un personaje que va ganando fuerza a medida que avanza el drama), interpretado por David Lorente; Kim, es el mayordomo, interpretado por Jesús Noguero, que hace de curioso e influyente maestro de ceremonias, en quien parece residir la capacidad de precipitar o ralentizar las consecuencias que se atisban, y, por último, Pía, una atractiva e insinuante criada a quien da vida Karina Garantivá.

La necesaria lentitud con que discurre inicialmente la historia me parece un acierto de su directora que así tensa poéticamente la cuerda de un drama que pronto se convertirá en tragedia, y en donde la temperatura y la atrocidad van en aumento minuto a minuto. Quizás, el único pero podría ponérsele en no haber terminado justamente cuando todos los personajes, menos la madre, situada en un extremo, tocando el piano, y el padre, que parece yacer muerto en el otro, se despojan de sus ropas hasta quedarse desnudos, en hermosa metáfora de que ya nada va a ser como antes…

En conjunto, el montaje es brutal, corrosivo y atroz, y todo eso ha sabido plasmarlo muy bien sobre las tablas Magüi Mira en el que es, sin duda, el mejor de sus últimos montajes, demostrando con él que cuando hay medios, sabe poner al servicio del teatro su larga experiencia como actriz, primero, y directora de escena, después. Imprescindible.



‘Festen’

Autores: Thomas Vinterberg y Mogens Rukov

Adaptación teatral: Bo Hr. Hansen

Versión y dirección: Magüi Mira

Reparto: Carolina África, Roberto Álvarez, Carmen Conesa, Manu Cuevas, Karina Garantivá, Gabriel Garbisu, David Lorente, Jesús Noguero, Clara Sanchis e Isabelle Stoffel.

Iluminación: José Manuel Guerra

Música: David San José

Coreografía: Rosángeles Valls

Asesoramiento lucha escénica: Mar Navarro

Ayudantes de dirección: Txemi Pejenaute y Pablo Gallego

Diseño cartel: BYG / Isidro Ferrer

Fotos: marcosGpunto

Producción: Centro Dramático Nacional (CDN)

Teatro Valle-Inclán, Madrid

Hasta el 9 de abril de 2017
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