Canapés había unos cuantos, pero acceder a ellos era jugarse la vida entre los hambrientos visitantes de Fitur. Aquello rebosaba de gente, imposible caminar sin sortear a grupos, familias enteras, personas con una y varias maletas –que después descubrí que llenaban de panfletos de destinos turísticos sin ser trabajadores del sector- y matrimonios de mayores que iban con la cámara haciéndose fotos en los stands mejor caracterizados, no sé si para convencerse de que les quedaba bien el país o para hacerse pasar por Willy Fog al enseñárselas a sus amigos ochenta días más tarde.
Ver+

© 2007 - Turismodiario.com - Contacto - Aviso legal - Política de privacidad - Diseño: La Nueva Factoría - Powered by Tecnilogica
Para cancelar su suscripción click aquí - Para una nueva suscripción gratuita, click aquí