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Un bronce para Escobar
Opinion - Carlos Raúl Hernández

Un bronce para Escobar

03-10-2008
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La única ciudad que ha levantado estatua a un narcotraficante es Caracas

 

Siempre creímos que la única ciudad del mundo que tenía una estatua del diablo era Madrid, el imperfecto Angel Caído de El Retiro, que quien se topa con él una tarde solitaria de invierno puede llevarse un susto. Después nos enteramos que había una réplica exacta en La Habana a la que los cubanos le atribuyen su irremediable mala suerte, gobernados cincuenta años por alguien muy parecido al demonio, sólo que un poco peor.

Pero ahora el récord es nuestro. La única ciudad que ha levantado estatua a un narcotraficante es Caracas, como si no tuviera ya suficientes desventuras. La revolución ha convertido a la antes grata, amable, llevadera y simpática urbe, en un infierno, cuyo río Caronte, el Guaire -una mera baba cloacal- es ahora el sórdido caldo de cadáveres sin deudos.

Qué tal si a alguien se le ocurre dedicarle una plaza a los Rodríguez Orejuela o a Pablo Escobar.

No nos quejamos de que el bronce corresponda a un genocida, pues al contrario, por si no se había fijado, la mayoría de tales monumentos se consagra a asesinos masivos. Cualquiera de esos guerreros hieráticos se echó al bigote tranquilamente a centenas o miles de hijos de vecina, y la historia, un poco contrahecha por cierto, les da el honor de la inmortalidad por eso mismo.

Comience por el monumento ecuestre de Carlo Magno al frente de la catedral de Notre Dame, cuyos tremebundos testículos son una muy poco velada alusión a su jinete, que creó un imperio. La pequeña Samotracia deja a la posteridad tal vez la obra de arte más erótica hecha por el hombre, para celebrar una matanchina exitosa.

El punto es que hasta el Che Guevara, de una crueldad espeluznante y de quien vi un busto en algún rincón de Ciudad de México, tiene derecho a una cierta épica, aunque sea torcida. ¡Pero un narcotraficante, lo que se llama un narcotraficante, un villano, un torturador, en síntesis, una auténtica rata de albañal¡&

El bronce para Tirofijo retrata a la perfección el alma de Estado forajido que busca sus aliados en las cañerías de la política internacional y que apoya cualquier acción turbia que se produzca en cualquier letrina. Un Estado-pandilla que habla de "quemar vivas" a personas honorables, declara "objetivos militares" y urde una siniestra telaraña de intrigas para fingir el "magnicidio" que los ha hecho hazmerreír de la comarca.

Aunque se atrevan a encarcelar -de nuevo- personas inocentes, no se saldrán con la suya.

Las fuerzas democráticas no moverán un músculo, soportarán lo que sea, porque hay que llegar a las elecciones del 23 de noviembre. Si quieren suspenderlas, deberán hacerlo con sus propios hígados y no porque alguien caiga ingenuamente en el juego montado.

Carlos Raúl Hernández
carlosraulhernandez@gmail.com

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