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Toros sí, toros no: la eterna polémica

Toros sí, toros no: la eterna polémica

En los ambientes antitaurinos barceloneses ha escocido, creo que en demasía, el éxito de convocatoria de la reaparición de José Tomás el pasado domingo, con un llenazo impresionante en su bellísima plaza Monumental, donde se agotaron las 19.000 entradas y otras tantas que se hubieran puesto a la venta. Más allá también del triunfo del ‘Mesías’ del toreo y de su compañero Cayetano –contado por quien esto firma en la correspondiente crónica en este periódico-, el acontecimiento ha vuelto a poner de manifiesto la eterna cuestión de toros sí, toros no.

Un asunto polémico, en el que unos y otros es tan difícil que se pongan de acuerdo como entre Zapatero y Rajoy y sus respectivas huestes, a veces tan fanáticas e irracionales como los partidarios y detractores de la Fiesta. Sobre todo cuando en la balanza se pesan argumentos al margen de los estrictamente relacionados con la propia religión compulsiva y laica que es la Fiesta. O sea, cuando entra en acción la demagogia del temido nacionalismo de gentes como Carod, y similares, y a los toros se les odia porque son españoles.

Mas dejando al margen tal cuestión, nada baladí, lo que está claro es que jamás los unos convencerán a los otros ni los otros a los unos. Los argumentos de que el toro de lidia es una creación biológica que no se da donde no hay corridas, que son las que garantizan su existencia y continuidad, son rechazados radicalmente por los que sin profundizar –y están en su derecho de no hacerlo- sólo ven que al animal se le mata en la plaza. Y es inútil exponer otras argumentaciones, a favor o en contra, porque de nada servirán ni convencerán a los rivales de pensamiento.

Por eso la ministra de Cultura, partidaria de los toros y que asistió a la corrida en Barcelona, donde no se pronunció, ha puesto el dedo en la llaga después, a toro pasado -nunca mejor dicho/escrito- y sin dar la cara allí en el propio festejo, al señalar que las corridas son una actividad legal y por tanto seguirán celebrándose. En un Gobierno que tiene pinta de muy antitaurino, aunque salvo Cristina Narbona, intente disimularlo, al menos las palabras de Carmen Calvo han sido esclarecedoras. Y es que Carmen Calvo lleva razón, porque hoy por hoy en España hay muchos más partidarios que detractores de la Fiesta y la obligación de cualquier Ejecutivo es ésa, proteger la legalidad y a los que la practican y contemplan. Que, por cierto, a diferencia de los antitaurinos, no utilizan la violencia ni insultan ni agraden a los que no piensan como ellos.

No es que los contrarios a la Fiesta con tales formas –añadiéndoles la rotura de papeleras y cristales en las calles barcelonesas el pasado domingo por los alrededor de 3.000 manifestantes- pierdan el fondo de sus argumentos, pero no es la mejor forma de defenderlos ni de ganar adeptos para su causa. Como tampoco lo es el pedir, cual hacen ellos, que se prohíba algo que no les gusta y con lo que no están de acuerdo. En cualquier caso, los partidario de los toros, de cuya posición favorable no suelen hacer ‘casus belli’, saben –sabemos- que tienen –tenemos- un aguerrido enemigo difícil. Y que igual los gustos sociales cambian y con el tiempo –mucho tiempo, desde luego- la mayoría de la gente es contraria a la Fiesta. Será el momento de plantearse este polémico asunto de nuevo, sobre todo por parte de las autoridades. Pero ahora su misión es aplicar la legalidad. Y los toros son legales.
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