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Varapalo del Washington Post

Jaque a los servicios de inteligencia de EEUU por el 11-S

Jaque a los servicios de inteligencia de EEUU por el 11-S

Bien podría parecer el argumento de una película de espías ambientada en la Guerra fría, donde los servicios de inteligencia y espionaje de Estados Unidos están de capa caída y absolutamente “fuera de control”, despilfarrando a diario miles de millones de dólares y generando ingentes volúmenes de informes y documentos secretos que resulta imposible de procesar. Pero no, es el resultado de una larga investigación de dos años encabezada por dos de los mejores periodistas del Washington Post que este domingo publicó la primera de una serie de reportajes que han puesto en jaque a los servicios de inteligencia.

No es para menos cuando se habla de casi 3.200 agencias y entidades privadas repartidas a lo largo y ancho del país que dan trabajo a más de 850.000 personas con acceso a información de alto secreto. El Post asegura que al año generan tal volumen de informes secretos -se habla de unos 50.000- que muchos de ellos son ignorados y ni siquiera se leen. El epicentro de este aparato secreto es la zona metropolitana de Washington DC, donde hay 33 edificios destinados para tal fin.

Otras de las cifras aparecidas en el reportaje producen auténtico vértigo. Se calcula que a diario la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) intercepta y almacena unos 1.700 millones de correros electrónicos, llamadas de teléfono y otro tipo de comunicaciones, que son desviadas a unas 70 bases de datos diferentes. Pero el problema fundamental radica en que carecen de los recursos técnicos y humanos para hacer su trabajo porque faltan analistas y traductores.

Despilfarro

Solo nueve días después de los atentados terroristas del 11-S el Congreso autorizó una partida extra de 40.000 millones de dólares para proteger el país dentro y fuera de sus fronteras con la mente puesta en un solo objetivo: desmantelar la red Al Qaeda y detener “vivo o muerto” a Bin Laden. Un año después se aprobaron 36.500 millones de dólares y en 2003 se destinaron otros 44.000 millones. El astronómico presupuesto destinado el año pasado asciende a 75.000 millones de dólares. Y suma y sigue.

Los reporteros del Post hablan de ingentes cantidades de dinero despilfarrado sin que se sepa a ciencia cierta si alguien en concreto tiene control sobre cómo se administran en esos recursos. Ante la falta de una respuesta clara quizá todas las miradas se dirijan hacia el 1.600 de la Avenida Pensilvania. La gran pregunta que muchos se hacen, y una de las conclusiones que se extraen de la investigación, es saber si ahora Estados Unidos es un país más seguro que hace diez años.

Analizando dos de los últimos golpes sufridos por los servicios de inteligencia, la matanza de noviembre pasado en Fort Hood (Texas) y el terrorista que intentó volar por los aires un avión que se dirigía a Detroit el día de Navidad, los responsables de la investigación llegaron a la conclusión de que el primer caso se podría haber evitado si los cabos sueltos que había se hubieran atado, y que fueron los pasajeros los que evitaron la tragedia y no los miles de agentes dedicados a localizar terroristas.

Respuesta del Director Nacional de Inteligencia

Quien salió ayer al paso de las informaciones aparecidas en el periódico de referencia de la capital fue el actual responsable de la Oficina del Director Nacional de Inteligencia, David Gompert, quien aunque reconoció que a veces se “duplica” el trabajo  y que los retos por delante son “complejos”, se defendió asegurando que los empleados que trabajan en el aparato de inteligencia han evitado nuevos atentados y obtienen resultados de los que no alardean en público.

Gompert quizá puede “quemarse” con este asunto porque al fin y al cabo está al frente de la Oficina del DNI de forma interina. Su jefe, Dennis Blair, renunció en mayo pasado al cargo y la persona que tendría que reemplazarle todavía no ha sido confirmada por el Senado. El candidato de la Casa Blanca se llama James Clapper, un militar con varias décadas de experiencia a sus espaldas, cuya nominación empezó a ser debatida ayer en el comité de inteligencia de la Cámara alta.

El Director Nacional de Inteligencia se encarga desde hace cinco años de coordinar los trabajos de la veintena de agencias gubernamentales que forman parte del aparato, una responsabilidad que históricamente recaía en el director de la CIA. Después del 11-S la Administración Bush inició una remodelación radical de los servicios de espionaje, con la creación y reestructuración de 263 organizaciones, que culminó poniendo a John Negroponte al frente de la oficina del DNI.

Información secreta y sensible

El reportaje ha sido la gran bomba informativa del día en Estados Unidos y a muchos les ha caído de sorpresa pero la Oficina del Director Nacional Inteligencia ya advirtió la semana pasada a su red de oficinas y contratistas que el Washington Post se disponía a publicarlo, y aprovechó una vez más para recordar a todos sus empleados en un documento interno su compromiso de no revelar información secreta y sensible.

Las reacciones de algunos de los mayores expertos en cuestiones de seguridad del país ya pueblan la red. Desde la web Wired Spencer Ackerman y Noah Shachtman dicen que lo publicado en el Post provoca “todo tipo de preguntas”, desde saber a dónde va a parar el dinero de los contribuyentes hasta qué pueden hacer los enemigos del país para penetrar los servicios de espionaje. “Pero realmente esto va mucho más allá que una cuestión de dinero”.

Los bloggers conservadores también han aprovechado para meter el dedo en el ojo a la administración, como el analista Robert Dreyfuss, que desde las páginas del portal The Nation asegura que el principal problema es que “Al Qaeda, sus afiliados y simpatizantes” son un asunto “pequeño y manejable”, y que ni siquiera durante los años de la Guerra fría de agentes secretos y operaciones de contraespionaje hizo falta un aparato secreto de tales dimensiones.

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