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Management español: fuera complejos

Management español: fuera complejos
Con pocas excepciones, la idiosincrasia española se inclina con frecuencia a sublimar lo foráneo sin apreciar lo cercano. Entre las excepciones se cuentan, desde hace tiempo, el fútbol y más recientemente el tenis o la gastronomía.
 
El enfermizo modo con el que tradicionalmente juzgamos lo propio viene de lejos. Se contaba ya en el siglo XIX la siguiente anécdota: si oyes a alguien criticar a Francia, seguro que es un británico; si alguien critica a Gran Bretaña, seguro que es un francés; si escuchas despotricar contra España, ¡seguro que es un español...! Mientras que un anglosajón ensalza a piratas depredadores que no fueron sino bucaneros, un español desdeña, en parte por ignorancia, las hazañas de sus ancestros.
 
No sin esfuerzo, en algunos ámbitos va superándose esa visión negativa, tan perjudicial como heredera de una corrosiva envidia de cultivo autóctono. Así, empresas de ingeniería, de energía, de telecomunicación o sectores como el de los trasplantes de órganos, el turismo  o el agroalimentario han superado al menos parcialmente la lamentable patología de ensalzar lo foráneo y denigrar lo propio.
 
Entre las ciencias que, gracias a determinados autores, están siendo capaces de superar ese patológico modo de ver la realidad se encuentra la del gobierno de personas y organizaciones, más conocida por su denominación inglesa: Management.
 
Por curioso que resulte, los primeros intentos de formalizar esa ciencia no se produjeron ni en Alemania ni en Estados Unidos, sino en España. Fue ¡en febrero de 1828! cuando se oficializa por primera vez la formación de directivos y empresarios. Reinaba Fernando VII cuando la primera Escuela de Comercio fue inaugurada en su honor. Esas instituciones, muchas decenas de años antes de que Wharton o Stanford existiesen, se esforzaban por formar en la teoría y la práctica de los negocios.
 
Dando un salto en el tiempo, y soslayando el atraso que en la formación de directivos se produjo en España a finales del siglo XIX y comienzos del XX, como consecuencia de nefastas políticas, en el año 2000 aparece por primera vez un artículo en prensa (en concreto en Expansión) en el que se reivindica la aportación de autores españoles en el panorama internacional del Management.
 
Poco después, el profesor José Luis García Ruiz (Universidad Complutense de Madrid) publicó una obra cuyo título fue: Grandes creadores en la historia del Management (Ariel). Entre ellos incluía a una quincena de autores españoles. Luego llegaría otra magna investigación. En este caso el autor fue Francisco Alcaide (Universidad Autónoma de Madrid): Who's who en el management español (Interban). Desde entonces se han sucedido publicaciones muy dispares -Forjadores de líderes (LID), En clave de talento (LID), etc.- que analizan desde diversos ángulos a los mejores profesionales dedicados a contribuir con fundamento y solidez a la mejora de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Como siempre sucede, quienes no conocen con detalle un sector confunden churras con merinas. Así, se mezclan nombres de pensadores con expertos en autoayuda, que poco más pueden ofrecer que un discurso estandarizado y muchas veces ayuno de ciencia. Pero el tiempo, como siempre, sirve de filtro para distinguir la ganga del oro. Combinar deportistas o entrenadores de momentáneo éxito con ponentes simpáticos pero de magro contenido, y con quienes realmente aportan, es como confundir el Ritz o el Marbella Club con una pensión de carretera. Algunos lo hacen... y así les va en sus organizaciones.
 
En las quinielas de los más profundos siempre aparecen algunos: Javier Fernández Aguado, José Aguilar, Marcos Urarte, Luis Huete, Nuria Chinchilla, Enrique Sueiro, Luis Galindo, José Manuel Casado, Eugenio de Andrés, Joaquín Oset... (También figuraba en ocasiones el recientemente fallecido Enrique Alcat o el prematuramente desaparecido José Antonio Pérez López). Las organizaciones más avezadas cuentan con ellos como los mejores asesores, sin necesidad de buscar allende nuestras fronteras.
 
Clásicos no son los antiguos, sino quienes superan el inexorable juicio del tiempo. Me atrevo a asegurar que los anteriormente citados, estén vivos o muertos, figurarán en el futuro en los libros que a nivel mundial se escriban sobre Management.
 
Si en ocasiones sus nombres no figuran en los listados que realizan en el mundo anglosajón se debe a la crasa ignorancia de quienes confeccionan esos elencos. Entre otros motivos, porque muchos de los pensadores aquí citados se baten el cobre por el mundo con las primeras espadas norteamericanas. Tres ejemplos: José Aguilar ha dado conferencias en foros donde poco antes lo había hecho Senge, y con mejor valoración. Luis Huete ha sido facilitador en comités de dirección de numerosos países. Javier Fernández Aguado ha debatido públicamente con David Norton (co creador del Balance Scorecard) o con John Alexander (presidente del centro de liderazgo de EE.UU.) obteniendo en ambos casos los parabienes de cientos de directivos presentes.
 
No resulta ajeno a lo expuesto el prestigio reconocido de la enseñanza del Management en nuestro país, ni la creciente internacionalización y aprecio de directivos españoles ejercientes en el mundo.
 
Como a veces sucede, el talento español es antes reconocido fuera que en la propia tierra. Con todo, al igual que sucediera con Unamuno, Julián Marías o Xavier Zubiri, dentro de algún tiempo nuestros mejores pensadores del Management recibirán el reconocimiento público que muchos ya les tributan en privado. En este campo, como en otros, los españoles deberíamos perder ese complejo de inferioridad que tantas veces nos atenaza.
 

Carlos de Benito
Director Nebrija Business School - Vicedecano Facultad Ciencias Sociales
Universidad Antonio de Nebrija
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