25 de septiembre de 2020, 4:44:26
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Belén López comparte su experiencia


Efectos secundarios y remedios naturales


Ayer en mi paseo diario pensaba en lo interesante que podría ser (previo aviso pues ya nos vamos conociendo algo y pensarías me que había poseído un Alien malvado) escribiros uno de mis artículos desde la perspectiva en que me deja la quimio los tres días de bajón


Esta última experiencia anímica la resumo en la frase que me escuché decir el otro día levantándome de la mesa: -”vaya asco de vida, ¿verdad mamá?”. Pero la “Ley de los vasos comunicantes” no sólo funciona con los líquidos, sino también con las emociones que, bajo presión, actúan dentro de las personas que el amor mantiene conectadas y hace que cuando vemos que la “botellita” de al lado está bajo mínimos nos empuje una fuerza instantánea que mantiene los niveles de ánimo de todos los recipientes equilibrados. Una de esas noches llamé a mi hermana con la intención de animarla a ella en un inconveniente cotidiano de poca importancia y acabé llorando a “moco tendido”. No era la intención pero me vino genial porque, además del desahogo físico, recibí la mejor respuesta: -”tranquila Belén, lloras porque estás de bajón por la quimio, es lo normal”...y tenía razón, con lo que voy a convertirla en la frase “comodín” para animarme en estas situaciones.

Los efectos secundarios de este nuevo tratamiento sólo coincidieron con los sufridos hasta ahora en lo anterior, pero, lo que antes era dolor muscular, ahora se convirtió en un tremendo malestar de estómago con nauseas y revoltura.

Cuando me puse enferma recibí de una amiga una olorosa bolsita de plástico transparente con unas florecillas pequeñas y secas en su interior. Yo recordaba que cuando estuve destacada en Barcelona, tenía una compañera que se reunía en un punto de la ciudad para recoger las magdalenas de Marihuana que una asociación le preparaba para paliar los efectos secundarios del tratamiento de cáncer que padecía su madre y es que desde el año 2001 ya era legal la utilización del Cannabis terapéutico en esta comunidad autónoma. Como por desgracia en la mía no, me tuve que preparar un “home made” bizcocho de yogurt aderezado con las mentadas flores secas. Mi problema era la cantidad a añadir pues no quería volver a pasar por la ingrata experiencia tóxica que en mis años mozos me dejó varios días con un aspecto muy similar al de Fétido Adams. Pero todo llegó a buen puerto, salvando que la momentánea incapacidad de uno de mis invitados para abrir los ojos a la mañana siguiente casi le hace aumentar la tasa de absentismo laboral del país.

A mí me alivió bastante esos días, dormí mucho y se me arregló el mal estomacal aunque, en cualquier caso, espero que en mi próximo ciclo el cuerpo se haya adaptado a la nueva medicación o tendré que ir pensando en ponerme las extensiones en forma de “rasta”.

Los inicios con la meditación van de maravilla. La filosofía aplicada se denomina “mindfulness” y consiste en ser conscientes siempre del momento presente y estar en cuerpo y alma en el ahora, ahí queda eso. Mi maravillosa prima Carmen me decía el otro día que hacer meditación es una de las mejores formas de quererse a uno mismo y yo añado que, en consecuencia, de querer a los demás. Te enseña a no poner las etiquetas que, según mis conclusiones aunque es un tema a debatir bien interesante, la inseguridad nos hace crear siempre cuando lo suyo es sentir y no juzgar. Y lo malo es que emitimos juicios hasta de acontecimientos que aún no nos han sucedido. Os dejo este interesantísimo fragmento del blog de la terapeuta Begoña Castillo:

“En la mente se suceden las interpretaciones, argumentaciones, explicaciones y análisis de lo que está ocurriendo. A menudo, todas esas películas que transcurren, no tienen nada que ver con la realidad pero el cuerpo las recibe como reales”

Continuando con palabras de María Borruso:

“A medida que el tiempo va transcurriendo, vamos acumulando emociones que no han sido realmente vividas, y por tanto, se han quedado congeladas en el cuerpo. Quedan depositadas en nuestros músculos, presionando nuestros tendones, formando un rígido escudo que nos lleva a asumir una postura corporal determinada. Nuestro cuerpo se convierte en un espacio de espesura emocional. Es por ello por lo que a menudo explotamos emocionalmente, porque la acumulación es tan grande que buscamos liberarla, escupiéndola hacia alguien o, a veces, creando una enfermedad”.

Estoy feliz con la gente con la que voy contactando gracias a esta serie de artículos, aunque no nos una el mejor motivo, sí nos une la mejor causa.

Un beso sanador (cómo me dijeron hace poco en un sms y me encantó).

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