5 de diciembre de 2019, 18:50:24
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Fernando Jáuregui


Jarrones chinos



Lo menos que se puede decir es que tanto el ex presidente del Gobierno, durante trece años, Felipe González, como su sucesor, el ex presidente del Gobierno, durante ocho años, José María Aznar, están siendo cuestionados discreta pero firmemente en el seno de sus propios partidos...para no hablar, claro está, de otros ámbitos. Los contratos que ambos están firmando con grandes empresas energéticas, sus respectivos ‘tráficos de influencias’ en bastantes países de América Latina y su desdén para con ciertas obligaciones institucionales provocan las críticas de propios y extraños. Y deslucen algo las trayectorias de dos líderes que supieron, en su momento, con cuantos claros y oscuros se quiera, llevar a España por buenos derroteros. Aunque, al final, en mi opinión ambos ‘pincharon’ cuando concluían sus respectivos mandatos.
 
Comprendo que es difícil el papel de ex presidente: no está mal la comparación que González hizo un día con los jarrones chinos. Están ahí, en una esquina de la casa, regalo de algún pariente malévolo, pero nadie los quiere ni sabe para qué usarlos. El problema es que ninguno de los dos protagonistas de este comentario quiere ser un jarrón chino. No bastan, al final, ni el sueldo oficial y vitalicio, ni los oropeles como consejero de Estado –lo que ni Aznar y González quisieron, al final, ser--, ni los reconocimientos oficiales y oficiosos, ni el papel que te reserva la Historia.
 
 Ambos están en plena forma, llegaron a la cumbre muy jóvenes y están aún sobrados de facultades y, posiblemente, de ambiciones...que pienso que deberían emplear algo más en el servicio público y algo menos en lucrativas actividades privadas.
 
Que Aznar se convierta en asesor para América Latina de una gran compañía multinacional eléctrica como Endesa, con actividad en Chile, Perú, Colombia, Argentina, Brasil...no tiene, por lo demás, mayores connotaciones que el hecho de que está defendiendo los intereses de una empresa frente a otras. Y lo mismo González. E idéntica consideración se puede hacer si hablamos de la dependencia de ambos de sectores mediáticos o de ricos-riquísimos ‘tycoons’ del mundo-mundial, como le gusta decir a González.
 
Sin embargo, para mí lo peor es que ninguno de los dos ha sido visto ni por casualidad asistiendo, por ejemplo, a las conmemoraciones de la Constitución, ni a los actos del día de la Fiesta Nacional. Los dos han sido, eso sí, adivinados en conspiraciones palaciegas dentro de sus propios partidos –a nadie le gusta su sucesor, es ley de vida--. Los dos han hecho algunas declaraciones disparatadas, embriagados con su propia importancia. Aznar, al menos, es el alma de una fundación que constituye uno de los pocos ‘think tanks’ que existen en España, la FAES. De González, lamentablemente, hay que recordar que se pasó toda una Legislatura, como diputado, sin sentarse en su escaño.
 
Lo siento: no son un buen ejemplo. No solamente porque corran tiempos de austeridad y los ‘ex’ que la predicaron –y predican—deben encabezar sus sermones dando el adecuado testimonio. También porque estas trayectorias privadas de quienes tanto poder y tantas atribuciones públicos tuvieron no contribuyen precisamente a incrementar el respeto de los españoles hacia su clase política. Qué le vamos a hacer: hay que saber ser, cuando así es preciso, un buen jarrón chino.
 
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