14 de diciembre de 2019, 1:05:55
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Fernando Jáuregui


¿Elecciones anticipadas? No convienen



Claro que todavía rondan por los rincones los ecos de la ‘cumbre’ del llamado G-45, los banqueros y empresarios más poderosos del país sentados en una enorme mesa en La Moncloa en torno a Zapatero, a Rubalcaba y a la vicepresidenta económica, Elena Salgado. Claro que esta semana aún van a resonar las palabras de, entre otros y sobre otros, Emilio Botín, pidiendo al presidente del Gobierno que aplace ese debate sucesorio en el PSOE hasta que, al menos, se recompongan las cosas del dinero. Claro está que se va a hablar aún no poco de ese pescozón dado en el G-45 a las insistentes reclamaciones de la oposición encarnada por el Partido Popular en el sentido de que se anticipen las elecciones generales: nada de adelantar las elecciones, advirtieron a ZP los ‘barones’ de la economía española.   Y no se adelantarán, claro. Lo saben, lo sabían, perfectamente en el ‘cuartel general’ de Mariano Rajoy, donde están más que convencidos de que casi la totalidad de los reunidos el sábado con ZP van a votar al PP: lo que no sabían en el PP es que sus voces estratégicas pidiendo ‘elecciones ya’ iban a ser tan frontalmente desautorizadas por ‘los cuarenta y cinco’.Pero, al margen de todo, y yendo más allá de lo que hayan recomendado los hombres más poderosos del país, ¿conviene disolver cuanto antes las Cortes y convocar ya las elecciones legislativas para acelerar eso que llamamos ‘el cambio’?   Cuando este lunes se convocan ya oficialmente para el 22 de mayo las elecciones municipales y autonómicas, que van a ser casi unas primarias de las generales que teóricamente han de celebrarse en marzo del año próximo, el debate es intenso en los cuarteles políticos. Si el PSOE se lleva el severo varapalo que le pronostican las encuestas en las locales y autonómicas, ¿podrá resistir, debilitado y desmoralizado, gobernando aún durante diez meses, con los principales ayuntamientos y autonomías en manos del rival? O si, por el contrario, el descalabro socialista no es tan feroz como lo pintan, ¿no podría Zapatero ceder a la tentación de convocar elecciones generales cuanto antes, proclamando que el recambio a los socialistas siguen siendo los socialistas?   Personalmente, considero inconveniente y casi inviable un adelanto electoral.  Ahora no veo por qué habría que anticipar apenas cuatro o cinco meses unas elecciones, con el revuelo y la interinidad consiguientes. Creo que Zapatero debería dejarlo muy claro, de la misma manera que debería aclarar ya mismo si piensa o no presentarse a la reelección, que ya verán cómo no se presentará. De lo contrario, toda la campaña electoral municipal y autonómica va a estar impregnada de la misma pregunta, contaminada por un solo debate, ‘Zapatero sí-Zapatero no’. Vamos, así, a malgastar una oportunidad de  abordar en profundidad cuestiones clave que deberían estar ya en la calle, en los mítines, en las tertulias periodísticas: ¿cómo llegar a un pacto efectivo para reducir el gasto autonómico? ¿cómo abordar algunas grandes reformas institucionales, como la del Senado para hacerlo una Cámara territorial?¿cómo encauzar la financiación de los municipios, convirtiéndolos en motor de empleo? Etcétera…   Nada. Ni siquiera conocemos lo que apuntan los diversos programas electorales. ¿Para qué, si estamos sumidos en el nudo gordiano de los planes personales del señor presidente del Gobierno? No sé si son los ‘cuarenta y cinco’, o las fuerzas parlamentarias, o las manifestaciones en la calle, quienes deben aconsejar o exigir el momento en el que Zapatero se pronuncie. Es, en todo caso, una decisión personal e intransferible. Para mí, ya está siendo demasiado tarde, y todo, todo, desde el último comunicado de ETA hasta la última calificación de los malhumorados de Moody’s, está quedando contaminado por el ‘to be or not to be’ del Hamlet de La Moncloa.   ¿Acaso no entendería el país una declaración tajante, en el sentido de que ocho años gobernando son ya suficientes años y de que ahora lo que importa es abrasarse en el cumplimiento del deber hasta marzo de 2012, y después que venga el siguiente? Hace falta un calendario político claro, que despeje de una vez presiones de unos y otros. Dicen que uno de los valores principales de un estadista es saber administrar bien los tiempos. Lamento decirlo, pero eso es algo que Zapatero está haciendo desastrosamente.
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