20 de septiembre de 2019, 8:34:59
Cine

Crítica de la película


'Medianoche en París': La magia ha vuelto

Por Sergio Ariza Lázaro

Woody Allen llevaba varios años en los que parecía que, como en una de sus películas, hubiese perdido por completo la inspiración. Eran las mismas ideas de siempre, los mismos chistes, las mismas obsesiones pero faltaba algo fundamental: la magia. Ese elemento extraño que hizo de 'Annie Hall', 'Manhattan' o 'Hannah y sus hermanas' auténticas obras maestras. Puede que argumentar que esta película se encuentre al nivel de las citadas anteriormente sea demasiado excesivo pero es indudable que 'Medianoche en París' está imbuida de la magia que rodea a sus mejores películas y, lo que es más importante, nos devuelve al mejor y más reconocible Allen. Una alegría con mayúsculas para los amantes del cine.


Esta 'Medianoche en París' tiene los aromas de otra de sus grandes películas, 'La Rosa Púrpura del Cairo'. Si en aquella película Mia Farrow decía aquello de "acabo de conocer a un hombre maravilloso. Es de ficción, pero no se puede tener todo" en esta el personaje Owen Wilson conoce a una mujer maravillosa. Es de otra época, pero no se puede tener todo. Nuevamente ante las adversidades e inconveniencias de la vida real se busca refugio en la fantasía. 

En esta ocasión, un escritor escapa de un trabajo que no le gusta y un compromiso matrimonial que le aterra hacia el París de los años 20, la época en la que se reúnen todos sus héroes. Así se encontrará de fiesta con el matrimonio formado por Zelda y Scott Fitzgerald, escuchará a Cole Porter cantar, dejará que Gertrude Stein le corrija el manuscrito de su libro y se enamorará de la misma mujer que Hemingway o Picasso.

El elenco está en estado de gracia, Owen Wilson se encarga del personaje que durante años interpretó el mismo director y cumple sobradamente, cuesta creer que sea el mismo actor que también está en la cartelera con 'Carta Blanca'. Marion Cotillard está perfecta como la mujer de fantasía que hace que los hombres se enamoren de ella. En cuanto a los secundarios encargados de dar vida a algunas de las lumbreras más destacadas del Siglo XX destaca sobremanera la corta, pero desternillante, aparición de Adrien Brody como Salvador Dalí. La cacareada aparición de la primera dama francesa, Carla Bruni, no es más que un cameo ampliado. 

Los que quieran ver los defectos los encontrarán. Son los que siempre se le han achacado al neoyorquino, es elitista, habla de la clase alta y las ciudades siempre salen embellecidas. Su Nueva York no es el Bronx ni los graffitis en el metro, su Barcelona no es la del Raval y, por supuesto, la París que nos muestra, a medianoche y a mediodía, es una visión completamente idealizada de la misma. Quizás es porque Allen habla de lo que conoce, es una persona de clase alta con una vasta cultura y cuando visita una ciudad suele ser para ir a sus sitios más reservados y especiales. Esto no debería ser una desventaja porque Allen habla de problemas universales, que afectan a todos los seres humanos por igual, sin distinción de clase o preparación. 

Lo dicho, Woody Allen ha vuelto a dar en la diana, quizás ya no estemos en la época en la que era capaz de entregar una maravilla al año, (del 75 al 86 estuvo muy cerca de ello) pero si es capaz de regalarnos de vez en cuando una película como 'Medianoche en París' podríamos olvidar resbalones como 'Conocerás al hombre de tus sueños' o 'Scoop'. Es más, ya están olvidados. 
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