20 de noviembre de 2019, 22:44:19
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¿Al toro?


Y si en los tendidos ocurre eso, ¿qué acontece en el ruedo? ¿Qué ha acontecido?
Pues lo mismo de los últimos años. Toros justitos de trapío y menos. La báscula de la plaza – se puso nueva hace dos años- sigue siendo un misterio, debe ser que los teléfonos móviles interfieren en ella cuando pesan a los toros. ¿Y la edad de los bureles? ¡No hay toros en el campo!


El 24 de mayo salió de chiqueros un sobrero de Carmen Segovia nacido en mayo de 2007. A ver… mayo de 2008, uno; mayo de 2009, dos; mayo de 2010, tres; mayo de 2011, cuatro ¿¡Cuatro!? Ya… la terna y el cartel… lo buscan ustedes; y sonrían, que es bueno. Algún toraco más ha habido de este cuajo. ¿Y como transcurre la tarde? Pues así… Los capotes de los matadores crecen cada año, claro, lógico. Los caballos de picar salen al ruedo con ambos ojos tapados y los monosabios participan en la lidia. Y entonces se pica como cada tarde, en mitad del lomo o en una paletilla, todo ello haciendo hábilmente la carioca. Yo recuerdo haber leído hace años no se qué de “sanciones”. ¡Ja! Porque antes se sancionaba. ¡Qué quites se han visto! Todos al revés. ¡Qué piques con el capote! Eso sí, los matadores han pasado casi todos por detrás del caballo. Luego hace su aparición la botellita de agua de litro, a la que le han perforado el tapón, y la cogen con una mano y la aprietan un poquito y sale el chorrito, y lo dirigen, y así mojan muleta, con esa torería. Ovación para el botijo de Morante – en lo que nos tenemos que entretener-, ovación que no entiende la turba y pregunta: “¿qué pasa?, ¿qué pasa?”. Pues un burro por tu casa. Y entones una tarde sí y otra también cobra protagonismo el pico de la muleta y la pala del pitón. Y se doblan los matadores y les gritan con aburrimiento “¡Ponte derecho!”. Y nada, esperamos todos con paciencia la llegada de Juan Mora y esa tarde al del grito de guerra le toca librar. Y además está de moda el “pajareo”, pasecito y pasitos de geisha para alejarse del toro. ¡El Lago de los Cisnes! Todo ello rematado anodinamente con un doble pase de pecho; nadie sabe bien para qué, pero es jaleado porque la turba ve pasar el toro de un lado a otro. No es el “obligado”, no. Es un pase de “pasa”, pasa el toro y pasa la vida. Eso, si no lanzan la muleta arriba y acaba el toro haciendo un caballito motero. Y qué alborozo en los tendidos, ver al toro de esa guisa. De repente, el estribillo: “¡Ponte en tu sitio!”. “¿En qué sitio?”, pregunta el gentío. “¿Dónde se tiene que poner?”. De moda, se tiene que poner de moda para poder torear.  Luego están los de final de faena de encimismo y arrimón a toro medio muerto. Entre los pitones, antes de entrar a matar. “¡Óoooooooooole!”. Con acento en la “o”, resuena en los tendidos. Y entonces montan la espada y practican la nueva suerte: cuatro, cinco, o ¡seis! zancadas a la carrera para hacer ver que es un volapié. Y cuanto más corren más ovación. “¿Has visto cómo ha entrado matar?; fíjate la carrera que ha cogido”, se dice entre sí la turba. Y, de nuevo, volvemos a esperar con paciencia a Uceda Leal y entonces ejecuta un vuelapié; pie, pie, en singular. ¿Qué tratados de Tauromaquia leen ahora los toreros? Pues es lo que hay…, salvo honrosas excepciones que las ha habido y las hay. Y suena la música y cantan y bailan con Marcial, eres el más grande, porque se la saben. Sólo se saben ese pasodoble y el de Manolete, pero como nunca lo tocan… ¿Y qué? Ellos lo silban al final de la corrida. Allá se van felices a contar a sus vecinos que vienen de los toros. Me refiero al público. Al aficionado sólo le cabe esperar a que pase la tormenta, si es que no acaba con todo; colocar su abono como buenamente pueda y no ir a las plazas de toros, ni a ésta ni a ninguna. Es la única opción y casi un deber en oposición al compadreo y la complicidad. Firmar, firmarán o firmaremos en apoyo a la Fiesta. Ir a las plazas a ver pantomimas y dejarse el dinero, no. Es el espíritu del 15-M: “Tauromaquia real”. Todos en nuestra casa hasta que nos devuelvan la integridad del espectáculo.
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