25 de enero de 2020, 2:58:41
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Adiós, Zapatero, adiós



Zapatero ensaya hoy un nuevo episodio de su largo adiós: protagonizará el debate sobre el estado de la nación frente a un Mariano Rajoy a quien este mismo lunes algunas encuestas dan como casi seguro próximo presidente del Gobierno, elecciones mediante. Creo que no mucho podemos esperar de la intervención inicial del (aún) inquilino de La Moncloa, si nos atenemos a lo que a los informadores nos van diciendo por ahí y al tono de la comunicación que el Gobierno envió a las Cortes. Tampoco grandes novedades, nos dicen, en el campo de la oposición.

Si eso fuese a ser así, el aburrimiento estaría garantizado. Me resisto, empero, a rechazar que haya luces al final del túnel. Zapatero se tiene que marchar, de acuerdo; lo sabe hasta él mismo, que hace ya más de dos meses que decidió la despedida de la reelección, delegando la sucesión en Pérez Rubalcaba. Pero hoy no es Rubalcaba quien se enfrenta al líder de la oposición, Mariano Rajoy. El duelo entre ambos tendrá, aún, que esperar a la precampaña electoral. Hoy es un Zapatero que se marcha, que se está yendo, quien protagoniza un debate desigual: él tiene que explicar una mala gestión de una crisis que no era suya, pero que él presumiblemente ha agravado, frente a un Rajoy crecido, que sabe que le basta con limitarse a lo de siempre para que le consideren ganador; haga lo que haga, ZP está condenado por la opinión pública, por parte de la opinión publicada, por los cenáculos, los mentideros, las tertulias, las columnas y por una parte de los suyos.

Así, tan tocado del ala, no hay quien gane un debate de esta envergadura. Ni quien afronte los cambios que se van haciendo imprescindibles. Muy mal lo tendría que hacer Rajoy, mucho tendría que aburrirnos, para no ganar este combate al menos a los puntos; aunque me parece que él tampoco va a delinear esas grandes transformaciones que reclaman la nueva coyuntura y la nueva era. A Zapatero hay que reconocerle, eso sí, el valor de haber mantenido esta confrontación parlamentaria, con lo que seguramente quiere decir que todos los que quisieran elecciones anticipadas deben abandonar la esperanza: está dispuesto a apurar el cáliz hasta las heces. Pero eso no puede bastarnos a los españoles: ahí están la crisis económica y monetaria europea, ahí está la quiebra de la representación internacional de España; ahí Bildu, que no es moco de pavo; ahí, cinco millones de parados; ahí, una nación angustiada; ahí, el 15-m…¿Seguimos? Pues eso: que algún asesor no excesivamente pelota tendrá que decir a los representantes de los grandes partidos que las fórmulas de siempre ya no valen para casi nada y que este debate es, para Zapatero, la penúltima oportunidad de dejar un buen recuerdo y, para Rajoy, la primera ocasión para, venciendo, convencer de una vez.

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