14 de noviembre de 2019, 4:22:10
Opinión


Un debate frío y sin golpes fuertes

Por Álvaro Marchante


El debate, a grandes rasgos, fue aburrido. Rajoy iba sobre seguro y Rubalcaba, que no quería perder, apenas arriesgó. Los protagonistas eran un profesor de economía ("el que me va a agradecer esta clase es usted Rubalcaba") y el hijo rebelde de una familia acomodada, eso sí, que ve que las cosas no están como deberían y pide cambiarlas.

El ganador, según las encuestas de los diferentes medios, fue Rajoy. Su inicio haciendo un homenaje al español caído en Afganistán desconcertó a un Rubalcaba que no parecía haber preparado nada sobre el tema y se puso nervioso. Movía la cabeza más de lo normal, sus manos se movían en todas direcciones como si tratase de emular a la propia imitación que le hizo José Mota en fin de año y empezó a parpadear de forma excesiva. Esperaba a un Rajoy casi insultante, que le dijese continuamente que formaba parte del Gobierno de la crisis, que era corresponsable de la misma,... y encontró a un Rajoy plano, que no iba a dar el primer golpe, sino que esperaba el golpe de Rubalcaba para ser él quien lo devolviera.

Así, ambos estuvieron esperando que alguien diera el primer gran golpe, aunque sólo se dieron golpecitos.

El candidato socialista, que parecía saberse mejor el programa del PP que el suyo propio, le hacía preguntas sin cesar a su adversario sobre detalles concretos del "manual de gobierno de los populares", hasta llegar a preguntar por el párrafo quinto de la página 116 sin siquiera decir cuál era el contenido de este párrafo.

Rajoy no quería confrontar, y cada vez que Rubalcaba hablaba sobre temas sociales, pensiones, sanidad, educación,... él respondía con más números. Sabía que si la gente que duda entre votarle o no, es por la crisis económica, por tanto era gente que le quería escuchar hablar de economía, y así lo hizo.

Un Rajoy con un look ligeramente extraño en él y que destacaba, tal vez demasiado (corbata azul con camisa blanca, más apropiado para salir por la noche que para estar en TV), consiguió no perder, su principal objetivo. De hecho, según las encuestas, ganó. No obstante cometió varios errores de libro.

Parecía que estaba leyendo continuamente aunque por su locuacidad parecía sabérselo de memoria. Es posible, que lo que mirase realmente era el marcador del tiempo que estaba justo delante de sus papeles, de ser así es más un error de la Academia que debió colocarlo enfrente. No obstante, el efecto de ver a Rajoy mirar todo el tiempo hacia abajo le daba una imagen de inseguridad, desconfianza y poca preparación. Imagen que se eliminaba cuando confrontaba directamente con Rubalcaba o cuando hacía enumeraciones bien largas y con ejemplos.

Su mayor error, probablemente, fue dejarse interrumpir a partir del segundo bloque por el candidato socialista y hacerse la víctima con el moderador de que Rubalcaba no le deja hablar. Fue el único momento en el que parecía estar por debajo de la situación. Otro momento de inestabilidad fue cuando trataba de mostrar un gráfico, no sabía por dónde enseñarlo y lo terminó enseñando mal.

Rubalcaba intentó pedir el voto útil frente a un Rajoy que le llamaba mentiroso y le confundía -tal vez a propósito- con Zapatero. Cometió el primer error al llevar una camisa similar al fondo, pues sabía de qué color sería. Pero su mayor error era considerar como ganador a Rajoy durante todo el primer bloque: "qué va a hacer con...", dando a entender que el candidato popular ganará. Consiguió corregirlo tras el descanso cuando comenzó a pedirle repetidamente que le contestase una pregunta sobre las pensiones, pero cometió otro gran error: "ahora es usted el que miente", mientras decía estas palabras se dio cuenta de su error y se notó por la pausa tan larga que hizo. Estaría pensando: "si ahora es él, antes era yo...". Cuando uno tiende a ser agresivo, las palabras salen solas y se descontrolan, hay que tener cuidado con estas cosas, siempre hay que mantener el control y más ante un debate que se transmite por varias televisiones con un nivel de expectación bastante alto.

Por lo demás, ambos cumplieron las expectativas. De Rajoy se esperaba que fuese a la defensiva y así lo hizo. Tuvo algún toque de genialidad, pero su discurso fue el de un profesor de economía, como en 2008 Solbes en su debate contra Pizarro. Y de Rubalcaba, que fuese agresivo y lo fue, pero debió arriesgar más, presionar más a Rajoy, tratar de que fuese él quien cometiese los errores y no él, e impedirle hablar de economía. Si pides que hable de pensiones, hablará del dinero de las pensiones, pero si sólo hablas de ciudadanos, del Estado del Bienestar, los derechos sociales,... Rajoy habría tenido que entrar.


Álvaro Marchante es consultor político y cofundador de www.comunicaliza.com web sobre política, comunicación y análisis
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