1 de abril de 2020, 22:31:04
DC Investigación


La primavera árabe 'se tambalea' en Túnez ante el temor a un gobierno islámico con ínfulas de califato

Por Marina Ramírez

Denuncias de fraude desestimadas; salafistas que secuestran a un decano y agreden a un profesor; censura cinematográfica; toque de queda en el interior del país; huelga de hambre de los heridos de la revolución, acuerdos de consenso incumplidos... La transición en Túnez mantiene en alerta a miles de personas que observan atentos los primeros movimientos de grupos radicales, por un lado, y, por otro, los primeros pasos del gobierno islamista de Ennahdha que, a priori, ponen en entredicho su supuesta 'moderación'. Este lunes se nombrará al presidente de la república después de que los partidos mayoritarios hayan acordado una norma para regir el gobierno provisional donde el primer ministro, Hamadi Jebali, que proclamó el camino hacia el "sexto califato", se autoconcede amplios poderes.


Una extraña mezcla entre indignación, resignación, cansancio y miedo a una nueva dictadura es la sensación que recorre las calles de Túnez. Al menos, las calles donde se dejan ver los miles de laicos de la capital que temen la llegada de un nuevo gobierno autocrático bajo la batuta de Ennahdha que arrolle las exigencias democráticas de la 'primavera árabe', nacida aquí hace un año. Sus primeros movimientos no han dejado  indiferente a la población que ha salido a la calle durante toda la semana coincidiendo con las negociaciones parlamentarias para la organización del gobierno provisional.

 

Este lunes la Asamblea tunecina nombrará a Moncef Marzouki (líder de la izquierda nacionalista del partido Coalición para la República) presidente del Estado tras haber aprobado el domingo una norma que regula la formación del Gobierno y sus atribuciones. Un texto consensuado por los tres partidos mayoritarios (Ennahdha, con 89 escaños; el Congreso para la República, 29 escaños, y los socialistas de Ettakatol, 20 escaños) que reparte el poder en una veintena de artículos para el proceso constituyente -la futura Carta Magna debería estar lista en un año, aunque precisamente esta semana pasada se ha suprimido el límite temporal que se negoció con el Consejo de Defensa de la Revolución de Túnez antes de las elecciones- y que no ha escapado a la polémica.

 

El texto acordado este domingo, tras cinco días de debates, establece que el presidente de Túnez debe ser "exclusivamente tunecino y de la religión musulmana", de padres tunecinos y de al menos 35 años de edad y, además, concede amplios poderes al primer ministro cuyo cargo lo ocupará el islamista Hamadi Jebali a la hora de nombrar a los altos cargos de otras áreas ajenas al Ejecutivo, incluido el ámbito religioso. El primer ministro seleccionará al margen de los ministros, a los altos funcionarios del estado, de defensa, embajadores y el muftí de la República (máximo intérprete de la sharia o ley coránica).

Manifestación de intenciones


El partido Ennahdha arrasó en las elecciones si atendemos a que la ley electoral estaba trazada para evitar las grandes mayorías absolutas y, aún así, los islamistas consiguieron obtener más del doble de escaños que la segunda fuerza en la Asamblea. Una representatividad que les ha dado vía libre para hacer toda una manifestación de intenciones que no ha dejado indiferente a nadie...

Hamadi Jebali, 'número 2' de Ennahdha que será nombrado esta semana primer ministro de la transición en Túnez, se felicitó hace ya unas semanas del rotundo éxito de los islamistas en las elecciones y clamó por instaurar el sexto califato islámico, es decir, supeditar la ley civil a la religiosa. Paralelamente, hay que recordar que el director de la televisión privada Nessma se enfrenta a la posibilidad de ser condenado a 3 años de cárcel por emitir en noviembre la película de animación Persépolis donde una niña iraní habla con una representación de dios. Un grupo radical atacó la entidad, intentó incendiarla y ahora sentará en el banquillo al directivo, Nabil Karoui, por un supuesto delito de violación de los valores sagrados, promoción de la indecencia y desórdenes públicos.

La diputada que se postula como candidata a ocupar la cartera del ministerio de Mujer y de Familia y una de las pocas militantes islamistas que no se cubre con el hiyab, Suad Abderrahim, propugnó su postura a favor de penalizar a las madres solteras, estar en contra de las adopciones y no tener nada en contra de la poligamia. 

 

Velo y niqab: enfrentamientos en La Manouba


Paseando por Túnez capital se puede ver a un tercio de las mujeres, a groso modo, que salen a la calle con velo (mayor es el porcentaje en el sur e interior del país), aunque con respecto al niqab la proporción es muy minoritaria, de hecho, en Bruselas se puede ver a un número infinitamente mayor de mujeres que usan esta prenda en comparación con la capital del país mediterráneo. No obstante, la cuestión del niqab está siendo utilizada de excusa para generar enfrentamientos entre grupos radicales islámicos y estudiantes laicos.

En plena transición hacia la democracia, los islamistas, reprimidos durante décadas por el gobierno de Ben Ali, se han alzado con la victoria en las elecciones y ciertos grupúsculos más radicales intentan aprovecharse de esto para imponer su moral por la fuerza en ámbitos hasta ahora indiscutiblemente laicos como la universidad. 

Desde la semana pasada, la facultad de Humanidades y Literatura de la Universidad de La Manouba está clausurada por la ocupación violenta de los 'barbudos' (se les llama así coloquialmente en alusión a su estética). Los salafistas pretenden imponer las normas islámicas en el ámbito académico a raíz de los incidentes de principios de mes.

 

Una joven se presentó con niqab en clase para hacer un examen -en la universidad está prohibido entrar incluso con velo, aunque desde hace un par de años se hace la vista gorda y muchas alumnas lo usan, según relata a Diariocrítico una profesora del centro-, pero la profesora se negó a dejarla pasar argumentando que no podía reconocerla. Según el testimonio de los jóvenes tunecinos que se manifestaron en El Bardo, la profesora la habría indicado que se descubriera el rostro en una clase contigua donde sólo ella la pudiera ver, pero la estudiante se negó alegando que ella no estaba purificada al no haber realizado el ritual de las abluciones.

 

A partir de entonces un grupo de islamistas radicales se asentó en la facultad reclamando la separación por sexos, la eliminación de las enseñanzas artísticas por ser consideradas blasfemas, una sala de rezo y el permiso para utilizar el niqab quien así lo deseara. No contentos con la ocupación del campus, secuestraron al decano en su despacho durante horas hasta que finalmente le dejaron salir y volver a su casa. Días después los 'barbudos' agredieron a un profesor, amenazaron a profesoras por no llevar el velo y finalmente se clausuró el centro.

 

Las fuerzas del orden no han intervenido en estos hechos. Se comenta en los círculos de la universidad que, en un primer momento, el decano habría rechazado que la policía tomase cartas en el asunto para tratar de resolver el conflicto en el ámbito universitario y cuando el incidente pasó a mayores se denunció, pero la policía ya no estaba dispuesta a 'entrometerse'... Recordemos que Ben Ali controlaba el aparato policial y aún mantienen su puesto numerosos agentes del régimen anterior. Por eso hay quien piensa que se debió haber llamado al Ejército y los hay que piensan que el decano actuó correctamente al impedir que fuerzas represivas tomasen el control de la universidad, pues podría servir de excusa para centralizar el poder del gobierno de forma autocrática. 

 

El día 1 de diciembre se vivió una jornada de huelga universitaria y cerca de 3.000 personas se manifestaron contra la primera ocupación islamista del campus. Paralelamente, comenzó a crecer el asentamiento reivindicativo de El Bardo que recuerda, de momento a pequeña escala, a las dos acampadas multitudinarias de la Kasbah que tuvieron lugar en el primer semestre de 2011 y que acabaron, por un lado, con el partido de Ben Ali y, por otro, con la creación del Consejo por la Defensa de la Revolución que acordó junto al gobierno interino la creación de un gobierno provisional cuyo mandato concluiría en un año al finalizar en el plazo dado inicialmente para la elaboración de una Constitución y el respeto a las minorías. La Kasbah, una plaza ahora repleta de alambre espino (al igual que la radio nacional y determinadas embajadas) ha cedido el testigo revolucionario al sitting de El Bardo para que no se pierdan por el camino las reivindicaciones democráticas.


Ruta por el sitting de El Bardo


Carteles con proclamas a favor de la libertad, la democracia, la separación de poderes, el derecho al trabajo y fotografías de caídos en la revolución del jazmín llenan la acampada de El Bardo. 

 

Este asentamiento lleva en pie algo más de dos semanas junto a la Asamblea Parlamentaria, aunque hasta los incidentes de La Manouba no empezó a cobrar tanto protagonismo. A lo largo de la semana pasada, durante el día, varios cientos de personas se acercaron a sumarse a las protestas de forma paralela a la negociación que se desarrollaba dentro del hemiciclo para establecer los términos del acuerdo de gobierno alcanzado este domingo. Por la noche quedaban alrededor de 20 tiendas de acampada para recordar que las reivindicaciones no descansan.

 

El campamento está dividido en 2 zonas principales a lo largo de una ancha acera que desemboca en la puerta de la Asamblea Parlamentaria: la política, formada por grupos independientes, asociaciones, sindicatos y, al cabo de los días, también por partidos políticos que se sumaron a la acampada como el PDK o el Partido Obrero de Túnez, y la social, donde están la Organización Nacional de Privados del Trabajo o la Unión de Diplomados en Paro (esta última mezcla reivindicaciones de los dos tipos), la asociación artística Tahaddi-Desafio y otros grupos que se desmarcan de las cuestiones políticas... 

En este último colectivo hay que destacar a los mineros de las zonas del sur e interior del país Gafsa y Thala que comenzaron la revolución en 2008 por las terribles tasas de paro de la región, pese a ser rica en fosfatos y mármoles. En aquel momento sus quejas y manifestaciones fueron duramente aplacadas por Ben Ali, impidiendo incluso que la prensa pasara a la zona para evitar el contagio a otras comarcas del país, pero ahí estaba el germen del malestar que desembocaría después en la llamada 'primavera árabe', mucho antes de que Mohamed Bouazizi se inmolara a lo bonzo el 17 de diciembre de 2010. Aunque, tal y como ellos mismos relataron a Diariocrítico, su revolución comenzó incluso hace siglos, dando a entender la singularidad de una zona que no encajaba en el ficticio e inexistente proyecto nacional de Ben Ali. En concreto, el grupo de mineros se unieron a la acampada de El Bardo desde hace 9 días para exigir que se levante el toque de queda impuesto desde hace 20 por las autoridades. Un toque de queda que fue la respuesta a las quejas populares que protestaban porque se excluyó la lista de nombres de Thala de los homenajes a los 'mártires' de la revolución.

 

Las reivindicaciones y necesidades de cada grupo son recogidas por 8 coordinadores del campamento que a su vez tratan de difundir a la población. Además, cuentan con el apoyo de la población que les ayuda aportando comida y una esquina donde profesionales voluntarios pasan consulta médica de forma gratuita a la gente del sitting y a aquellos que quieren acercarse por falta de recursos económicos.

Denuncias de compras de votos


Uno de los coordinadores del campamento, Ramy Sghayer comentó a Diariocrítico que tras las elecciones del pasado 23 de octubre, fundó junto a Olfa Laajili el Movimiento 24 de Octubre precisamente como respuesta a lo que consideraron fraudulentas irregularidades electorales. Sghayer comentó que pusieron una denuncia por compra de votos pero que, al igual que otro centenar de ellas que llegaron a presentarse, se desestimó por falta de pruebas y no se investigó, a pesar de que hubo observadores internacionales que testificaron haber visto como se ofrecían distintas sumas de dinares a cambio de votar por uno u otro partido.

A pesar de esta experiencia, Sghayer demostró que mantiene intacto su espíritu revolucionario pese al cansancio propio de llevar 11 días en el sitting, sin apenas dormir y marchándose a trabajar por las mañanas en una fundación por los derechos humanos. Explicó a Diariocrítico que también están en proceso de denunciar a un diputado de la Asamblea Constituyente -a modo simbólico puesto que son conscientes de que esta iniciativa también caerá en saco roto-, porque insultó a los manifestantes de El Bardo calificándolos peyorativamente de plebe. Este joven de veintitantos años, con manifiestas dotes para la política, nos explica que a título personal fue a La Manouba como muestra de solidaridad con los estudiantes acosados por los salafistas, pero que el movimiento de la acampada en sí no incluye directamente entre sus reivindicaciones nada relacionado con aquellos hechos.

 

Heridos de la revolución en huelga de hambre

     Si bien ellos mismos no quieren que se les incluya dentro del movimiento de El Bardo, lo cierto es que no les separan ni dos metros de las tiendas de acampada del resto de manifestantes. 

     En su caso, los heridos de la revolución miran exclusivamente por sus necesidades y exigen al nuevo gobierno que se preocupe de su estado de salud con algún tipo de subvención médica y que persiga a los culpables que les dispararon o golpearon, según el caso, ya que opinan que han sido olvidados mientras los policías de Ben Ali siguen en sus puestos. Este colectivo que ronda la decena de personas inició el sábado una huelga de hambre para que se escucharan sus protestas sin pretender acabar con ella hasta que alguien recoja sus reivindicaciones.

 

* Lemas y cánticos de El Bardo:

  - "Para que podamos continuar el proceso revolucionario: tierra, libertad y dignidad nacional"

  - "El pueblo quiere que la magistratura sea limpia" y "Sí a la libertad; no a la nueva dictadura"

  - "El silencio con respecto a la corrupción es participar en la corrupción"

- "No a una nueva dictadura, seremos la espina en vuestra garganta y no nos iremos"

- "¡La revolución está en peligro: ni Turquía, ni Qatar!"

- "Seremos un pueblo unido y no nos iremos"

- "Somos un pueblo libre"

- "Trabajo, libertad y dignidad nacional"



Datos electorales:

Las elecciones del pasado 23 de octubre dieron una mayoría aplastante a Ennahdha a pesar de que la ley electoral estaba preparada para evitar las grandes mayorías absolutas y así incluir a más grupos políticos en la formación de la Constitución.

De una población de 10.673.000 habitantes, de los que podrían votar 7.570.000, sólo se inscribieron 4.100.000 tunecinos y aunque finalmente se permitió votar a los no inscritos en el censo electoral que cumplieran una serie de requisitos, sólo se contabilizaron 3.470.000 votos. La participación final quedó en el 86 % de los inscritos en las listas electorales, un porcentaje que se reduce al 52% si te toma como base el total de la población en edad de votar.

Se presentaron 1.517 listas  electorales, un total de 11.618 candidatos entre partidos políticos (828), independientes (655) y coaliciones (34) para distribuir los 217 escaños de la Asamblea.

La coalición que conforma la mayoría parlamentaria es la siguiente: Ennahdha (89 escaños), el Congreso para la República (izquierda nacionalista, 29 escaños) y Ettakatol (socialista, 20 escaños).

La Alta Instancia para la Realización de los Objetivos de la Revolución, de la Reforma Política y de la Transición Democrática (AI), presentó los resultados definitivos de las elecciones en una rueda de prensa el lunes 14 de noviembre, casi 3 semanas después de los comicios. Antes, el 25 de octubre, dos días después de la votación, habían presentado ya datos preeliminares, pero casi todo el mundo, incluido Ennahdha, dio por válidos los primeros sondeos de los partidos que daban la victoria a los islamistas del mismo día de la votación, proclamándose vencedores de los comicios sin datos del recuento oficial. 

 

Esto también  incrementó las sospechas de los manifestantes de El Bardo que consideran que las elecciones no fueron tan limpias como mantuvieron mayoritariamente los numerosos observadores internacionales desplegados para la ocasión en Túnez.

 

 

** Fotografías de Marina Ramírez y Sergio Ariza. Gráfico electoral: Instancia Superior Independiente para la Elecciones (ISIE)

 

 

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