15 de noviembre de 2019, 1:30:31
Opinión


Zapatero abandona este domingo La Moncloa

Por Fernando Jáuregui


Entre todas las fotografías que han marcado una semana llena de acontecimientos --encuentro del Rey con Amaiur, Camps en el banqullo, Urdangarín, pese a todo, en las felicitaciones de La Zarzuela--, yo seleccionaría una, tranquila y hasta apacible: la del último encuentro entre el presidente Zapatero y su seguro sucesor dentro de tres días, Mariano Rajoy, en La Moncloa. La imagen de un traspaso de poderes que, finalmente, ha sido cordial, como cordial ha sido la relación en los cuatro últimos meses entre el jefe del Ejecutivo socialista y quien con toda probabilidad iba a serlo representando al Partido Popular. Ahora, Zapatero que este domingo se marcha con su familia del palacio de estucos y falsos mármoles que ha sido su hogar durante siete años y ocho meses, queda en manos de la Historia; muchas veces hemos dicho algunos que esta será más benévola con él que el presente. Ya le pasó a Adolfo Suárez, aunque las distancias sean considerables.

Cuenta Leopoldo Calvo-Sotelo en sus memorias que, cuando al llegar a La Moncloa sucediendo a Adolfo Suárez, abrió la caja fuerte de los secretos oficiales, en medio de la natural expectación, solamente encontró en ella un papel: la combinación para abrir esa caja fuerte. Supongo que la anécdota, contada con gracia y talento, es exagerada, pero 'si non é vero, é ben trovatto': los traspasos de poderes de presidente a presidente, aunque fuesen correligionarios, han distado bastante de ser modélicos. Felipe González, a quien pude visitar en sus últimas horas monclovitas, se quejó de la poca información que le dejo el presidente con UCD. Aznar se lamentó de lo mismo con respecto a González, y, al llegar Zapatero, funcionario nuevo hubo que puso el grito en el cielo diciendo que los aznaristas se habían llevado hasta la memoria de los ordenadores.

Yo creo que, con su elegante cesión del paso a Rajoy, Zapatero se ha ganado no pocas simpatías. Ha cometido errores de libro en economía, ingenuidades sin cuento en política, hizo cosas que nadie le pedía que hiciera y no hizo otras que sí le reclamaban todos. Ha dejado su partido destrozado y la imagen exterior de España bajó unos cuantos puntos en este tiempo. Pero, a la vez, se establecieron nuevas formas de convivencia ciudadana, la lucha contra ETA experimentó una indudable mejoría, si es que no se ha solucionado ya definitivamente la pesadilla que acongojó a los españoles durante cuarenta años, y se avanzó, aunque la polémica las persiga, en algunas leyes sociales.

Zapatero no ha sido, pienso, un buen presidente. No es un estadista. Carecía, a mi juicio, de la formación necesaria, y se le ha notado. Todo ello es cierto, y espero que Rajoy, que también tiene sus carencias, llenará algunos huecos que dejó el 'zapaterato'. Sus primeros nombramientos han sido más bien tranquilizadores, tanto por lo que respecta a la presidencia del Congreso y el Senado como a las respectivas portavocías, ha extremado -quizá excediéndose, a mi modo de ver-la prudencia en las declaraciones y ha visto cómo los mercados se calmaban algo a su llegada. Me parece que ha sido generoso en la victoria, aunque no ha podido evitar sentirse atado por el entorno, que, entre otras cosas, le exigía que algún umbral no por secundario menos significativo, como permitir que la coalición Amaiur tuviese grupo parlamentario, no fuese en modo alguno traspasado.

Pero la crítica global a las dos legislaturas de Zapatero no puede olvidar ni su honradez, ni su buena voluntad, ni el valor con el que consumó, en mayo de 2010, el sacrificio de sus ideas personales -algo utópicas, por lo demás- para plegarse a las exigencias de los 'socios', o más bien patronos, europeos. Yo me quedo, en suma, con una sensación agridulce tras el 'huracán Zapatero', que no ha sobrevivido ni a sus propios errores, ni al eurocaos -a ver qué va a ocurrir en el zigzag de la UE-- , ni a las nuevas exigencias que el mundo se plantea, y de las que el 2011 que concluye ha sido una trepidante muestra. Hay quien dice que ZP, que llegó con tanto impulso, con tanta ínfula, será un mejor ex presidente que presidente, como Rajoy será mejor presidente que líder de la oposición. Así lo deseo, así lo espero, porque llegan, dicen todos, tiempos de grandes incertidumbres.
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