21 de noviembre de 2019, 7:26:20
Nacional

Cierre de las campañas de las elecciones en Asturias y Andalucía


El PP y Rajoy se plantean las elecciones andaluzas como un plebiscito a su política económica

Por Manuel Ángel Menéndez

Si el domingo el PP arrasa en Andalucía la lectura que se hará en la madrileña calle Génova está muy clara: los españoles han revalidado la dura política económica de Rajoy, su política social diseñada en los diferentes departamentos y, sobre todo, la reforma laboral. Es decir, si Arenas obtiene la mayoría absoluta en Andalucía, Rajoy se sentirá refrendado para sobrepasar el programa electoral con el que se presentó a las elecciones del 20 de noviembre.


Las elecciones autonómicas en Andalucía significan para los dos principales partidos mucho más que un gobierno autonómico; en las sedes nacionales del PSOE y del PP se lo han planteado como un rechazo a la política de Rajoy, en el primero de los casos, o como un refrendo a sus medidas, en el segundo. Es decir, que entienden ambos que la legitimación o deslegitimación de la política nacional emprendida por Rajoy a nivel nacional pasa por una prueba de fuego en Andalucía.

Así es como los estrategas socialistas y populares han entendido y desarrollado la campaña andaluza, más centrada en la política nacional que en la meramente autonómica. Los mensajes a lo largo de estas dos últimas semanas de campaña han estado claros en ambos sentidos, y por eso han bajado a fajarse en la arena los dos líderes nacionales, Pérez Rubalcaba y su equipo federal contra Mariano Rajoy y sus ministros 'de Madrid'.

Pérez Rubalcaba ha desarrollado una campaña en Andalucía no entrando en la supuesta corrupción de la Junta que preside José Antonio Griñán, sino descalificando con sólidos argumentos la política económica que está realizando Rajoy, y especialmente la reforma laboral. Una labor en la que ha sido ayudado por toda su ejecutiva federal, pero que en estos días ha recibido un importante acopio de material ofensivo con Felipe González -se quiera o no, muy reconocido aún en Andalucía- y el informe de la Fundación Ideas, de Caldera, que se confirma que la reforma laboral de Rajoy provocará en Andalucía 150.000 nuevos parados y bajará su PIB un 2,7 %.

Se ha tratado, sobre todo, de impedir que el popular Javier Arenas obtenga mayoría absoluta, porque en el PSOE saben que con la ofensiva pepera sobre los ERE's y demás corruptelas pretéritas de la Junta, los resultado electorales no son van a ser nada buenos para los socialistas.

Así que lo que se trataba de lograr era que con la suma de IU, PSOE y quizá alguna fuerza más Griñán pueda seguir gobernando e impedir así un la imagen de un refrendo andaluza a la reforma laboral, los recortes sociales en sanidad y educación, al desmantelamiento del estado de bienestar y, sobre todo, a los que nos espera por ver con los Presupuestos Generales del Estado para 2012, voluntariamente retrasados por Rajoy hasta después de los comicios del 25 de marzo.

Por el contrario, los estrategas de la calle Génova han buscado -claro está- justamente lo contrario.

 No se trataba sólo de lograr una mayoría absoluta de Arenas para arrebatar Andalucía al PSOE, sino de mucho más: primero, de hundir al socialismo en general, porque la supuestamente corrupción en Andalucía se puede, supuestamente también, elevar a nivel nacional; segundo, sembrar dudas sobre el equipo de Rubalcaba, que ya fue el gran perdedor en las elecciones generales del 20-N pero que ahora 'revalida' esa imagen de escasa confianza en los españoles, es decir, que le desactiva y desautoriza como líder de la oposición, y tercero, y más importante, que una victoria aplastante en Andalucía refrendará la dureza económico-social del equipo de Rajoy.

Entienden en Génova que si Andalucía -una región históricamente socialista- da el vuelco ahora, justo después de todos los anuncios sociales restrictivos -desde el Ministerio de Justicia, de Ruiz-Gallardón, hasta el de Sanidad- y de la reforma laboral, que constituye, al decir de los sindicatos y el PSOE, la más grave agresión contra los derechos de los trabajadores que se conoce en democracia, está claro que el pueblo español refrenda la política de Rajoy. Y ya se sabe, sarna con gusto, no pica.

Bajo esos parámetros se ha movido hasta el final una campaña atípica, plagada de denuncias de 'corrupción' y de 'agresiones' contra los derechos sociales, porque Andalucía ha significado estas elecciones un experimento nacional, sólo que en clave de refrendo.
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