29 de enero de 2022, 4:58:30
Música

Crónica del concierto


Siniestro Total en la Sala El Sol: Bailaré pogo sobre tu tumba

Por Sergio Ariza Lázaro

Siniestro Total se adentraron en las tierra ignotas de su repertorio para celebrar su treinta aniversario en la Sala El Sol de Madrid. Caras B, canciones poco conocidas, instrumentales y mucha profesionalidad demostraron que los de Julián Hernández suenan como nunca, aunque fue al final del concierto, con la recuperación de algunos de sus temas más conocidos cuando demostraron que treinta años no es nada y que, como prometieron, bailarán sobre nuestra tumba.


El concierto de la Sol era el comienzo de su gira 'Tierra ignota' con el que quieren recuperar algunas de sus canciones menos conocidas, o como la misma banda comenta "un viaje alucinante por el repertorio más desconocido con llegada a los clásicos eternos". El viaje tiene parada en temas recónditos de sus trabajos más conocidos, como el recuerdo a Germán Coppini y Alberto Torrado de 'Ponte en mi lugar' de su primer disco '¿Cuándo se come aquí?', el 'Baño de sangre en Puerto Banús' que se cantó el guitarrista Javier Soto, su peculiar mirada a Hamlet en 'Algo huele mal en Dinamarca' o de discos más recientes como 'Dile adiós al Rock and Roll' o 'Volanteiro, cabrón'. También hubo tiempo para recuperar su gusto por las versiones, rescatando el 'Soy así' de Los Salvajes o el 'Dios salve al Conselleiro', su apropiación del 'Dios salve al Lehendakari' de Poch con Derribos Arias. Claro que la versión más celebrada fue la transformación del 'Highway to hell' de AC/DC en su himno de autoproclamación 'Somos Siniestro Total'.

Durante todo el concierto los de Julián Hernández demostraron que están en una magnífica forma y que la formación actual suena como nunca, el saxofón y la harmónica de Julián añadiendo mucho más color a su música. Está claro que ahora disfrutan como nunca como músicos, además de como agitadores mentales. Eso sí Hernández no dejó escapar la coyuntura y convirtió sus soliloquios en un monólogo sobre el Rey y la familia real; Froilán, la infanta Cristina, Urdangarín y el monarca recibieron sus dedicatorias. 

El concierto se aproximaba a su recta final entre la satisfacción de los seguidores más acérrimos y la preocupación de los que querían oír "los clásicos eternos". Cuando tras el primer parón la banda comenzó a tocar un instrumental se formó un pequeño revuelo en la sala, una parte de la audiencia comenzó a protestar pidiendo "los clásicos". Julián, socarrón como siempre, decía "os tocamos las de toda la vida, las que no suenan nunca y sólo pedís los clásicos, sois unos cambia chaquetas" pero a continuación comenzó a cantar: "Cuando fue el gran estallido..." y '¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?' sonó para delirio del respetable, a partir de entonces ya no hubo necesidad de que Julián Hernández cantase nada, de eso ya se encargaba el respetable. 'Ay Dolores' y 'Bailaré sobre tu tumba' dejaron a la Sala El Sol botando y con la sensación de fiesta que siempre ha acompañado al grupo, pero la apoteósis llegó con el primer acorde de 'Ayatolah'. El himno punk por excelencia de este país desató un pogo a lo bestia que no se correspondía con la edad media de la sala. 'Matar jipis en las Cíes' alargó la fiesta y dejó sensación de gran concierto. Muchos se alegraron, con el corazón a 200 pulsaciones, de que no hubiesen tocado a ese ritmo todo el tiempo. 

Pero hubo tiempo para más, para rematar la jugada volvieron a aparecer sobre el escenario cuando casi nadie lo esperaba y atacar aquel himno de incorrección política llamado 'Cuanta puta y yo que viejo', que ya les situaba, allá por 1985, como seguidores más de ZZ Top que de Sex Pistols. Claro que sobre el escenario demostraron, una vez más, que el punk es una actitud y no un estilo.
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