16 de octubre de 2019, 2:24:25
Literatura


Nostalgias escritas de una fiesta fugaz

Por Noelia Jiménez


Hay ocasiones en las que la realidad no le llega a la suela de los zapatos ni a la no ficción. Vamos, que cualquier ensayo sesudo es más divertido que un espectáculo concebido, como cualquier otro, para entretener. Y en esos casos, cuando la realidad se antoja una ficción de terror, es un bálsamo volver a los orígenes, si no del espectáculo mismo, sí al menos de las bases sobre las que se asienta.

Me explico: ha terminado San Isidro sin una puerta grande (de toreros a pie, se entiende) que echarse a la estadística. La feria más importante del mundo se ha convertido en un trámite de granito, sudor y euros dilapidados. Y es entonces cuando uno se pregunta qué fue de la emoción, de los pilares que sustentan el toreo, del toro bravo, del torero aguerrido y del espectador informado.

Sobre todo ello escribe José Miguel Martín de Blas en "Tiempo de Toros" (Ed. Espasa), que pone por escrito las bases del espectáculo taurino, o sea: el toro en el campo, la crianza, la selección, los encastes; la liturgia taurina, la preparación de un torero; el rito del festejo, el lenguaje simbólico del espectáculo; una historia resumida del toreo y de sus figuras; y, cómo no, argumentos (implícitos y explícitos) para una defensa activa de la fiesta.

Pedadogía y afán didáctico son el leitmotiv de un libro escrito por un profundo conocedor de la tauromaquia en todos sus aspectos, que sin sentar cátedra (no lo ha hecho nunca y le honra) transmite con sencillez las claves para entender un espectáculo que a veces (demasiadas) se antoja incomprensible.

La pena es que la realidad se haya empeñado estas tres semanas en contradecir una teoría basada en tiempos (no tan) pasados que fueron mejores, sí, y también más auténticos.


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