23 de octubre de 2019, 22:24:29
Nacional

El pulso con Cospedal precipitó la renuncia del presidente del PP andaluz


Arenas deja abierta su sucesión pero coloca a Zoido como principal candidato

Por Benito Fernández

A  sus 54 años, Javier Arenas Bocanegra (Sevilla, 28 de diciembre de 1957), es el principal referente del centro-derecha político andaluz, el líder indiscutible, aunque a veces discutido por algunos de sus compañeros de partido del PP en una comunidad, Andalucía, en la que el PSOE lleva gobernando la friolera de más de tres décadas.

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En esos treinta años, Arenas ha desarrollado una ingente labor por estructurar un partido capaz de hacerle frente a la todopoderosa organización socialista y a su tupida tela de araña que envuelve buena parte de la sociedad andaluza. Su curriculum va desde lograr ser el concejal más joven del Ayuntamiento hispalense, en 1983, a ocupar los Ministerios de Trabajo, Administraciones Públicas y Presidencia y la vicepresidencia del Gobierno de la nación en el mandato de José María Aznar (2003). Pero sin duda alguna, ha sido el gran renovador y modernizador de una derecha anclada hasta su llegada en el pasado y escorada peligrosamente hacia un ultraconservadurismo que ponía en grave peligro su futuro.

Con su marcha, el PP-A pierde a un líder que durante más de veinte años ha controlado y dirigido a un partido que en contadas ocasiones ha sabido conectar con la sociedad andaluza y cuyos éxitos más importantes siempre han coincidido con fracasos estrepitosos de los Gobierno socialistas en el territorio nacional. Pese a sus derrotas (1994, 96, 2004 y 2008) frente a Manuel Chaves y su pírrica victoria en 2012 ante José Antonio Griñán, si alguien se puede alegrar de su marcha es el PSOE que ha visto como cada nueva convocatoria electoral, Arenas recortaba distancias en la hegemonía socialista, logrando incluso arrebatarle la mayoría. Griñán se quita un peso de encima y queda con las manos libres ante una oposición descabezada.
                                                                        
Si algo se le puede criticar a Arenas es el excesivo personalismo, la total dependencia del PP-A de su liderazgo y el no haber propiciado un relevo tranquilo y no traumático en la dirección regional.  El próximo congreso de julio confirmará el malestar existente en algunas provincias y confirmará el imparable ascenso del alcalde de Sevilla y presidente de la FEMP, Juan Ignacio Zoido, como nueva figura emergente del PP andaluz. Tanto él como la alcaldesa de Fuengirola y ex portavoz del Grupo Popular en el Parlamento andaluz, Esperanza Oña, tienen mucho que decir en este cónclave.
 
A la hora de analizar la decisión de Javier Arenas de no optar de nuevo a la Presidencia del PP andaluz habría que contemplar motivos tanto personales como de presiones internas de la sede de Génova. Tras los resultados del 25-M, con la primera pero insuficiente victoria del PP para gobernar en Andalucía, todos los analistas sabíamos que Arenas no volvería a presentarse como candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía, era una cuestión "cantada" que ya había adelantado en sus círculos más íntimos, pero pocos auguraban su salida, adelantada y en cierto modo intempestiva, de la presidencia del partido. Ahí parece que su eterno pulso con María Dolores de Cospedal, le ha jugado un duro revés, ante la falta de apoyos de Mariano Rajoy a sus aspiraciones, que le han forzado a abandonar. Así lo da a entender en su comunicado.
 
La pregunta ahora es augurar cuál va a ser su futuro. Según ha confesado en la carta de dimisión, Javier Arenas asegura que continuará dedicado a la política andaluza ("en ningún caso me he planteado asumir nuevas responsabilidades en la política nacional") pero eso es algo que muchos ponen en duda. La posibilidad de que Mariano Rajoy lo reclame en una futura crisis de Gobierno para ocupar algún Ministerio en los que ya tiene experiencia es bastante probable y desde luego una posibilidad que no se puede descartar.
 
El gran problema que se le plantea ahora al PP andaluz es buscar un nuevo líder que reúna las adhesiones que convocaba Arenas y que el Congreso de julio no se convierta en una jaula de grillos que arrastre al partido a una crisis sin precedentes. Arenas afirma que deja la Presidencia y la pone en manos de Zoido para no condicionar los resultados, pero no cabe duda alguna que, pese a su retirada, el líder popular seguirá marcando las pautas de una organización política que él mismo ha conformado y que atraviesa en estos momentos por un periodo de éxitos como nunca había tenido. Habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos.

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