21 de enero de 2020, 21:44:41
Opinión


El futuro vasco

Por Francisco Muro de Iscar


Sin duda hay que esperar hasta conocer el texto exacto de la sentencia del Tribunal Constitucional que da vía libre a los proetarras de Sortu para presentarse a las próximas elecciones y les convierte así en un partido "democrático" y con todos los avales para ocupar cargos en las instituciones si son elegidos por los ciudadanos. Si esto no fuera muy serio, habría que decir que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Pero detrás de Sortu hay una responsabilidad política y moral de apoyo a ETA y a sus comandos asesinos, una negativa rotunda a condenar sus crímenes, pruebas documentadas de su vinculación y toda una burla de la esencia de la democracia. 

"En política, ha dicho Margarita Robles, vocal del Consejo General del Poder Judicial, refiriéndose a Carlos Dívar, la apariencia es tan importante como la realidad". No sólo en política. Los amigos de ETA no han engañado nunca. Se conoce su objetivo, sus formas de actuar, su negativa rotunda a condenar a ETA, su defensa de la vía armada...  Lo que no parecía posible es que pudieran conseguir la victoria por seis votos contra cinco en un Tribunal Constitucional que acelera o dilata sentencias a su voluntad y que cuenta con algunos magistrados cuyo mandato ha expirado hace años y que no son capaces de irse a casa para obligar a los partidos a que cumplan el mandato constitucional para su renovación en tiempo y forma. No quiero creer que alguien estuviera escribiendo al dictado de otras voluntades.    

La permanente pelea entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que un veterano magistrado como Rafael de Mendizábal Allende ha llevado a un libro en el que propone la desaparición del segundo, es un espectáculo realmente grotesco que deja en mal lugar a ambos y que tira por los suelos la casi inexistente credibilidad de la Justicia. Si la inmensa mayoría de los jueces y magistrados -y de los ciudadanos de este país- están avergonzados por el espectáculo del Consejo del Poder Judicial -ojo, no sólo por culpa de Dívar- ¿cuántos lo están por este Tribunal Constitucional y muchas de sus sentencias, entre ellas, las relacionadas con ETA?  Y eso, sin hablar de las víctimas y sus familias a las que estas decisiones les vuelven a herir en lo más profundo.    

¿Cuál es el futuro vasco? ¿Cuánto tiempo tardarán en alcanzar allí más poder los amigos, cachorros y herederos de ETA? ¿Con el apoyo del PNV o sin él? ¿Cuánto sufrirá la democracia y, eso es lo que importa, los demócratas? Parece inaudito que el más alto tribunal diga que si incumplen la ley, les ilegalizarán. Ellos y a todos El problema es que cuando se quiera actuar, seguramente ya será imposible. Un lugar de España donde la amenaza del terror y el miedo han secuestrado la libertad plena y la democracia real desde hace décadas, está hoy mucho más cerca de que no poder disfrutarlas nunca. 
francisco.muro@planalfa.es   
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