20 de enero de 2020, 15:46:23
Opinión


¿Otra cumbre histórica? Aunque no estemos acostumbrados, esta sí

Por Carol Pérez San Gregorio


Que la crisis es brutal es evidente y que sin planificación el futuro sería sumamente incierto, también lo es. Sin embargo, la cumbre de los días 27 y 28 de junio abre una brecha de esperanza. Hace años que no se veía en Bruselas el nivel actual de ebullición de ideas. Las teorías circulan de mañana a la noche y no sólo para dar solución a problemas inmediatos como las necesidades de recapitalización de la banca española sino también para buscar un modelo diferente, más integrado, donde se cierren las brechas de agua que ahora ahogan la credibilidad y el crecimiento del Viejo continente frente a potencias emergentes e ilusionantes como Brasil, China o India.

 Los presidentes del Consejo y la Comisión de la UE, el jefe del Eurogrupo y el presidente del BCE, Herman van Rompuy, José Manuel Durao Barroso, Jean-Claude Juncker y Mario Draghi, respectivamente, presentarán a los líderes de los 27 un documento que incluye, además de la esperada tasa sobre las transacciones financieras, un fondo de amortización de la deuda y una hoja de ruta hacia lo que han denominado "eurobills", un mecanismo previo a los títulos de deuda europeos que Alemania tendrá difícil rechazar después de haber conseguido imponer la austeridad y el control de las cuentas públicas de los Estados miembros.

 El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha deseado precisamente que de la cumbre salga un mensaje político contundente sobre la irreversibilidad del euro y un calendario claro de integración. En ese sentido, la cita de Bruselas puede ser un paso adelante en la construcción europea a través de medidas específicas para la creación de una unión bancaria transnacional y una mayor integración fiscal. En el caso de que los jefes de Estado y de Gobierno den luz verde al documento, estas instituciones pasarán a plantear las propuestas legislativas concretas en una hoja de ruta aún por determinar.

En este encuentro deberían ponerse las bases de un nuevo paso en la unión económica y monetaria, que se plasmará en la creación de un supervisor bancario europeo, un esquema de garantía de depósitos común para la Unión Europea y un fondo único para resoluciones bancarias para cerrar los prestamistas malos de la región.

En este sentido, el BCE adoptaría la responsabilidad exclusiva de la supervisión de los principales bancos de la eurozona, mientras que la Autoridad Bancaria Europea conservaría un rol mayor de vigilancia junto con la coordinación del trabajo de los reguladores nacionales. Todo, para poner coto al desbocado sector financiero que nos ha arrastrado hasta aquí.

En cuanto el fondo de rescate de la zona euro que entrará en vigor en julio, de carácter permanente, podría usarse para recapitalizar directamente a los bancos, evitando el paso a los gobiernos y por tanto la imputación como deuda. Todo ello, bálsamos para la crisis actual y un paso adelante veraz para la construcción europea. Está por ver si los jefes de Estado y de gobierno están a la altura del desafío.


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