11 de diciembre de 2019, 18:28:32
Opinión


¡Hablad, hablad, muditos!

Por Benito Fernández


Vamos a ver. Que a estas alturas de la película sigamos asistiendo a un vodevil parlamentario pagado con dinero público me parece impresentable. Tras una semana de comparecencias en el Hospital de las Cinco Llagas lo único que está quedando claro es que la política no sirve para nada. Bueno, sí, para que algunos sigan viviendo del cuento a costa de nuestros impuestos. Aquí todos tienen derechos, pero nadie tiene deberes y obligaciones. Todos tienen derecho a guardar silencio ante la Comisión de Investigación parlamentaria de los EREs fraudulentos.Aquí lo que todos tienen es muy poca vergüenza. Ninguna. Todos se han quedado mudos acogiéndose al derecho de no declarar. ¿Y el derecho de los andaluces a saber lo que ha pasado con los cientos de millones de euros defraudados? Hablad, habla, muditos. Decid adónde ha ido a parar el dinero y devolvedlo. O al menos que alguien pague el pato de tondo el desaguisado. Se veía venir.

Todo el mundo sabía que la Comisión de Investigación de los EREs fraudulentos era un paripé. Todavía si se hubiese creado hace un año cuando la pidieron el PP e IULV-CA se podía haber sacado algo en claro, pero, ahora, después de que la jueza Mercedes Alaya, haya investigado meticulosamente a fondo e imputado a medio centenar de altos cargos y enviado a prisión a un ex consejero y a varios directores generales no tiene demasiado sentido, sobre todo si el paripé es una justificación de los amigos de Sánchez Gordillo para proclamar su supuesta honradez e independencia en el pacto de Gobierno con Griñán. Acabáramos. Por más interés que le ponga Rafa Salas a sus preguntas, por más que intente apretarles las tuercas a los comparecientes, por más que el PP busque esa última cúspide de la pirámide de la corrupción, de la que hablaba la jueza, el silencio bajo el auspicio del PSOE e IULV.CA es siempre la última salida para evitar males mayores. Todo consiste en pringar a los ya pringados sin que la cosa pase a mayores. Y como los pringados ya se encuentran imputados por la Justicia en espera de juicio, es de prever que las conclusiones de la Comisión de Investigación, la primera en los últimos veinte años, sean una retahíla de formalidades obvias y más que conocidas que podrían haberse redactado hace meses y sin necesidad de comisiones parlamentarias.

En todas esta serie de comparecencias que tendrán lugar durante las próximas semanas sólo cabe enperar algunas sorpresas como las que ha deparado el ex director general Francisco Javier Guerrero quien, tras reconocer que conocía a la perfección el precio del Marlboro y los gin-tonics de Beefeater, dejó claro que él no había actuado nunca por su cuenta y riesgo sino que sus superiores conocían con pelos y señales el destino del dinero. Evidente. Elemental, querido Guerrero. A nadie se le oculta que el manejo de tantos millones, de los fondos de reptiles y la inclusión de "compañeros del partido" en algunos de los EREs para cobrar una suculenta indemnización, era algo conocido por todos y consentido por las altas esferas de la Administración andaluza. Digan lo que digan y se pongan como se pongan.

Cabe esperar ahora la comparecencia de personajes como Manuel Chaves, Gaspar Zarrías o el propio Pepe Griñán que, espero, no se acojan también a la ley del silencio impuesta por el PSOE. Si conocían los hechos, malo, pero si todos ellos desconocían el manejo del dinero de los EREs que se hacía en varias de sus consejerías habría que pedirles su inmediata dimisión por incompetentes. Habrá que esperar a ver qué dicen y como excusan su negligencia. Y, como dice el refrán, "a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga". No, si, al final, sólo nos quedará no París como dice Bogart en Casablanca, sino la inefable jueza Alaya. Ya lo verán.
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