7 de marzo de 2021, 4:33:08
Economía

Empieza la presión sobre Rajoy


Los socios europeos apremiarán a España a que pida el rescate de forma inmediata

Por Juan Francés

Mariano Rajoy dejó claro en la entrevista en TVE que está dispuesto a tomarse todo el tiempo que sea necesario para decidir si acude o no al rescate europeo. Pero tiempo es precisamente lo único que no tiene, porque a partir del próximo viernes en las reuniones del Eurogrupo y el Ecofin sus socios comunitarios van a comenzar a ejercer una intensa presión sobre el Gobierno español para que recoja el guante lanzado por Mario Draghi y solicite la ayuda financiera. La alternativa: volver al caos de julio en los mercados.

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Mariano Rajoy pasa por ser un político al que le gusta solucionar los problemas mediante la técnica del paso del tiempo, es decir, dejar que las cuestiones conflictivas se vayan macerando en la salsa de la actualidad diaria hasta que caen como fruta madura.

Pero dejar pasar el tiempo es precisamente casi la única política que no le van a permitir al gallego sus socios europeos a la hora de afrontar la previsible petición de rescate por parte de la economía española.

Es más, muy probablemente los ministros de finanzas que acudan a Chipre el viernes lo hagan con la firme intención de no abandonar la isla sin antes haber obtenido un compromiso claro de que efectivamente esa petición de ayuda de España se va a producir, y pronto.

Mario Draghi ha conseguido torcer el brazo del ala más ortodoxa de la institución con sede en Frankfurt, y con su valiente compromiso de hacer lo que sea necesario para aliviar los problemas de transmisión de la política monetaria  ha solucionado una parte fundamental de esta ecuación irresoluble en que se había convertido la crisis de la eurozona.

Pero como explicaba ayer Moody's, el BCE no ha solucionado toda la ecuación. Tan solo la más técnica y económica.  Resta por resolver aún  la parte quizá más delicada, la política. Porque la pelota está ahora en el tejado de los políticos, y más en concretamente, de los políticos de España e Italia, los dos países para los que han sido diseñados las líneas de crédito del mecanismo de ayuda europeo. Y más concretamente aún, de Mariano Rajoy, el jefe del gobierno de la economía que está en el foco de todas las miradas de los mercados estos días.

"El BCE ha dicho que está listo para ayudar, pero que solo puede construir un puente, los países tienen que hacer su trabajo también", ha explicado a Bloomberg el influyente gestor de Pimco, Mohamed El-Erian.

Porque entre otras razones el BCE no puede actuar por iniciativa propia, sino que es el estado miembro el que lo tiene que solicitar. Y dicha ayuda estará sujeta a un Memorandum of Understanding (MoU) como el elaborado para el rescate de la banca en junio. Es decir, habrá condicionalidad por las ayudas. No sabemos aún de qué tipo, y es precisamente lo que se está discutiendo estos días entre los representantes del Gobierno español y sus socios comunitarios.

La tentación para Rajoy puede consistir precisamente en intentar ahorrarse ese mal trago de tener que pedir públicamente un rescate, con condiciones quizá aún más duras que las ya asumidas para la economía española, y en su lugar aprovechar que los anuncios del BCE han devuelto la calma a los mercados y han dado un respiro a la prima de riesgo para dejar pasar el tiempo y hacer oídos a esa presión para que pida el rescate.

Es una estrategia que puede tener lógica política interna, pero por desgracia no hay visos de que pueda tener ningún recorrido. Los mercados han aflojado su mandíbula sobre la economía española, pero no han soltado su presa. En el momento en que los inversores percibieran que España está planteándose no acudir al rescate, redoblarían su presión sobre nuestra deuda y volveríamos otra vez al punto en que estábamos este pasado mes de julio.

Pero es que además, nuestros socios europeos acogerían esa estrategia de España con ojos muy críticos. En Frankfurt nadie entendería que el BCE se jugara todo su prestigio y arriesgara una división interna para ofrecer una ayuda cuyo supuesto  beneficiario no está dispuesto a recibir. Y en Berlín la canciller Merkel, que está poniéndose del lado de Draghi y en contra de la opinión pública alemana en este asunto, y por tanto alienando a su electorado, se quedaría realmente perpleja si Rajoy decidiera intentar evitar la petición de ayuda por cálculos electorales.

Por todo ello, es bastante posible que las cartas de Rajoy en esta partida estén marcadas desde el principio, y el presidente español no tenga margen de actuación en su intento de evitar la petición de auxilio financiero.

A partir del viernes, en Chipre, comprobaremos hasta qué punto se pueden alargar los plazos, pero nadie augura que el rescate se pueda demorar más allá de noviembre. Lo único que juega a favor de Rajoy, en términos de calendario, son las elecciones presidenciales de EEUU, pues Barack Obama ya ha dejado claro a sus colegas europeos que bajo ningún concepto está dispuesto a tener que jugarse la reelección en la Casa Blanca en medio de un nuevo estallido de la crisis europea, por lo que es previsible que cualquier nuevo brote de tensión, o decisiones de calado, se postergarían hasta después del primer martes de noviembre.     


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