20 de enero de 2022, 22:20:25
Economía

El presidente Brufau parece ser el objetivo


Maniobras en la oscuridad en torno a Repsol

> La rumorología quiso señalar que Josep Piqué sería el reemplazo buscado

Por Fernando Jáuregui

Aseguran que todo empezó el pasado verano, allá por Somontes, cuando el financiero Juan Abelló dejó caer, en ambientes suficientemente distinguidos, la conveniencia de que Antonio Brufau fuese sustituido en la presidencia de Repsol por alguien como Borja Prado, actual presidente de Endesa, la eléctrica que fue española y hoy es más bien italiana, como los aficionados a las historias de opas turbias bien conocen.


Luego, la rumorología quiso señalar al presidente de la Caixa, Isidro Fainé, como impulsor de un intento de reemplazar a Brufau por el ex ministro de varias cosas Josep Piqué, actual presidente de Vueling, consejero de Applus y presidente del Círculo de Economía de Cataluña, además de representante español en el Consejo de EADS, entre otras cosas.

Decían los rumores -que no son noticia excepto cuando sí lo son, porque hay que tratar de averiguar las intenciones que se ocultan tras ellos-que Fainé insiste en que ahora resulta conveniente acercar económicamente a Cataluña y el resto de España, y Piqué era un buen peón para lograrlo -como si Brufau no fuese catalán, vamos-.

La verdad es que la presidencia de Repsol, cargo deseable donde los haya para aquellos que se sienten llamados a todo, siempre ha suscitado maniobras orquestales en la oscuridad desde que Aznar privatizó la compañía; no olviden ustedes las trapisondas del peculiar ex presidente de Sacyr, Luis del Rivero, en sus intentos de hacerse con el sillón. Y ha suscitado también mucha rumorología, no siempre confirmada por la tangible realidad: no consta, desde luego, que Fainé haya puesto sus ojos en Piqué, ni que Prado, más allá de las dificultades que tenga con los italianos y de la cercanía que tenga con el consejero Abelló, tenga demasiadas posibilidades de llegar a la presidencia de la segunda multinacional española. De hecho, la verdad es que el balance arroja una buena gestión de Brufau, lo que es incontestable y dificulta las guerrillas sucesorias.

Pero hay un factor más, que hace especialmente peligrosos estos juegos de poder económico en los que algunos se embarcan casi por placer cinegético. Ese factor se llama Cristina Fernández de Kirchner. La voluble -vamos a llamarla así- primera dama argentina, que ahora pretende ser una especie de Hugo Chávez, reformando la Constitución para quedarse un tiempito más en el poder, ha hecho saber al mismísimo magnate mexicano Carlos Slim, que la urge a negociar una salida para el 'quilombo' que ha montado con YPF, que, desde luego, no piensa tratar con Brufau.

Cuentan que anda la presidenta intrigando en círculos diplomáticos, vendiendo su (im)posible asistencia a la 'cumbre' de Cádiz a cambio de cortes de cabeza a quienes se han mostrado firmes ante la iniquidad que ella perpetró contra la filial argentina de la petrolera española. Y sería, francamente, el colmo, que una conjunción de presiones e intereses políticos -que sí, que juegan también, aunque Repsol sea una compañía privatizada- y de ambiciones privadas que van más o menos por libre hiciese tambalear una situación estable y una cuenta de resultados saneada. Atención, porque aún quedan jugadas sobre el tablero.
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