8 de diciembre de 2021, 22:58:11
Nacional

Perfil de un hombre clave en la historia moderna de España


Santiago Carrillo, el último icono de la Transición y de la utopía del PCE

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Por Manuel Ángel Menéndez

Tenía 97 años e iba muy avanzado para cumplir los 98, pero murió tranquilamente mientras dormía la siesta. Con la muerte en la tarde de este martes de Santiago Carrillo Solares (Gijón, Asturias, 18 de enero de 1915) finaliza realmente toda una época histórica. Después de la muerte de Manuel Fraga el pasado 15 de enero, Carrillo era quizá el único representante que quedaba de aquella España que llegó a oler a sangre y a pólvora de guerra civil, pero que después se reconvirtió en olvido y abrazo de reconciliación.


No es fácil glosar la figura de Santiago Carrillo, como no lo fue hacerlo con la de Manuel Fraga. Carrillo representó toda una etapa, todo un siglo, el XX español. Casado con Carmen Menéndez, tenía tres hijos (Santiago, profesor de matemáticas; Jorge, economista, y José, licenciado en Exactas). Era hijo del obrero fundidor y líder socialista Wenceslao Carrillo (1889-1963), con quien discutiría y mantendría luego una terrible correspondencia política.

Pero hasta entonces, el joven Santiago comenzó su actividad profesional en una imprenta en la que se editaban las publicaciones del PSOE, en la que comenzó como botones y llegó a periodista. En este campo profesional, fue redactor municipal de El Socialista, redactor de Cortes de Tribuna y director de la revista Renovación, una profesión que nunca olvidaría del todo y retomaría muchos años después, alejado ya de la política activa y tras su 'autoexpulsión' del PCE.

Inició su militancia política en las Juventudes Socialistas (1928), de cuya organización fue secretario general del Comité de Madrid (1931) y secretario general (1934). Fue encarcelado (1934/ 1936) por su participación en la revolución de Asturias y a su salida de la cárcel, en 1936, fue uno de los principales artífices de la fusión de las Juventudes Socialistas con las Juventudes Comunistas, que dio lugar a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), de clara tendencia y preponderancia comunista, en las que desempeñó siempre puestos de especial significación.

Los fantasmas de Paracuellos del Jarama

Su trayectoria política ya estaba clara, y conformaría algo que no olvidaría el Partido Socialista, que nunca se lo perdonó: al estallar la Guerra Civil ingresó en el Partido Comunista de España (PCE, julio de 1936) y al constituirse la Junta de Defensa de Madrid (noviembre de 1936), fue comisario de Orden Público y miembro de la Junta, encargado de las cuestiones de orden público (dimitió en 1937).

Mientras permaneció en ese cargo se produjeron los fusilamientos de Paracuellos del Jarama (Madrid, noviembre y diciembre de 1936), por lo que algunos autores (Guillermo Cabanellas y Ricardo de la Cierva, entre otros), le han achacado la responsabilidad de las ejecuciones, imputación que Carrillo ha rechazado siempre, señalando que él sólo se limitó a ordenar el traslado de unos presos de Madrid a Valencia, los cuales fueron fusilados en el camino "por fuerzas que en ese momento no pudimos concretar quiénes eran" (Diccionario de la Guerra Civil española, Manuel Rubio Cabeza, Editorial Planeta, Barcelona, 1987).

Paracuellos siempre le persiguió, y Carrillo siempre negó que tuviera nada que ver con aquella masacre. Hace casi dos años, llegó a mandar al "infierno" a un conocido periodista radiofónico cuando le insistió por tercera vez consecutiva en directo en antena por aquellos sucesos: "Váyase usted al infierno", le dijo.

Fulgurante carrera en el PCE

Lo cierto es que su carrera fue fulgurante: en febrero de 1937 figuraba ya en el buró político y en el Comité Central del PCE, pero a punto de finalizar la Guerra Civil cruzó la frontera francesa y llegó a París (febrero de 1939), iniciando un exilio que fue un periplo universal: Francia, Unión Soviética, Estados Unidos, Argentina, México, Cuba, África del Norte y, finalmente, París (donde fijó su residencia bajo el seudónimo de Giscard); desde todos los países citados prosiguió su lucha contra Franco, responsabilizándose de la reorganización del PCE, partido en el que desde 1946 figuró como delfín de Dolores Ibárruri, Pasionaria.

Como dirigente comunista en el exilio, fue uno de los principales impulsores de la lucha guerrillera en los Pirineos, formó parte del Gobierno Republicano en el exilio presidido por José Giral (1946), propició el cambio de orientación del PCE (en 1956 definió la "política de reconciliación nacional", lo que produjo una primera escisión de carácter marxista-leninista) y culminó su carrera política en el VI Congreso (1960), cuando Dolores Ibárruri fue elegida presidenta y él secretario general, cargo en el que permaneció durante veintidós años (hasta 1982), consiguiendo mantener el poder frente a las tendencias marxista-leninistas (1963 y 1968), democratizadoras (1964 y 1982) o estalinistas (1971).

El pacto antifranquista y el eurocomunismo

Fue el propio Carrillo el que consiguió romper lazos definitivamente con la Unión Soviética tras la invasión de Checoslovaquia; defendió la autonomía de los diferentes países europeos para buscar su propio camino hacia el socialismo y con respecto a España, formuló su política de pacto con todas las fuerzas antifranquistas, posiciones que fueron perfilando su línea eurocomunista. Pese a todo, fue expulsado de Francia (14.8.1971) y de Alemania (mayo de 1972).

Fue uno de los creadores, junto con Rafael Calvo Serer, de la Junta Democrática (1974), integrada por fuerzas y personalidades políticas opuestas al régimen. Genio y figura, en un intento de agilizar la apertura política, celebró una conferencia de prensa en Madrid (10.12.1976), para que quedara constancia de que había estado residiendo en la capital española desde el 7 de febrero de 1975. Su osadía desencadenó una amplia operación policial que desembocó en su detención (22.12.1976, junto a otros siete dirigentes del PCE) y su procesamiento por asociación ilícita. Su pulso con el Gobierno se saldó con ocho días de cárcel (salió el 30 de diciembre) y una fianza de trescientas mil pesetas.

El Gobierno de Adolfo Suárez ya había celebrado el referéndum para la Reforma Política y quedó claro que el PCE, aunque ilegal, era tolerado. Carrillo aprovechó la ambigüedad calculada de la situación para dar un nuevo golpe de efecto, celebrando en Madrid una cumbre eurocomunista (febrero de 1977) a la que asistieron el italiano Enrico Berlinguer (PCI) y el francés Georges Marchais (PCF). Finalmente, Suárez aprovechó las vacaciones de Semana Santa para legalizar el PCE, el 9 de abril de 1977, el famoso Sábado de Gloria... o, más bien, el Sábado Santo Rojo.

Ya en democracia, Carrillo fue reelegido secretario general (IX Congreso), obtuvo 20 diputados en las elecciones de 1977 y 23 en las de 1979, participó en las negociaciones de los Pactos de la Moncloa con el gobierno y el resto de la oposición para reconducir la economía y firmó un pacto municipal con el PSOE que dio la mayoría de los gobiernos locales a los partidos de izquierda (elecciones municipales de marzo de 1979). Pero no consiguió el principal objetivo comunista: liderar la izquierda en España, papel que los votos dieron al PSOE.

Carrillo y el 23-F

Carrillo, junto Adolfo Suárez y el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, alcanzó una justa fama de irreductible la tarde-noche del 23 de febrero de 1981, cuando el entonces teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina y dos cientos guardias civiles asaltaron el Congreso de los Diputados. Gutiérrez Mellado se enfrentó al teniente coronel, quien no pudo derribar al anciano general, mientras Suárez y Carrillo fueron los únicos diputados que no se arrojaron al suelo cuando los guardias civiles dispararon sus armas automáticas al techo del hemiciclo.

Según confesaría años más tarde, en aquel momento Carrillo pensó que le iban a matar si el golpe triunfaba y "por dignidad" decidió mantenerse sentado en su escaño cuando Tejero ordenó a tiros a los diputados que se echaran al suelo. Así lo afirmó en el programa "Conversas con Mario Soares", del canal estatal portugués RTP Lisboa (EFE, 18.4.1999): "En ese momento yo sufrí mucho, no por quedarme sentado, sino porque los otros se tiraban al suelo. Me indignaba que la Cámara se humillara de esa manera".

"Desde que vi entrar a Tejero supe que si aquello triunfaba me mataban. Como a todos los que hemos estado enfrentados a una dictadura, sabía que esa lucha podía llevarnos un día a morir. Yo dije, bueno, te ha llegado tu hora. Lo importante es que lo hagas con dignidad, que no se rían de ti estos bárbaros y por eso me quedé sentado sin dudarlo...".

En ese programa, Soares afirmó que le dijo a Adolfo Suárez en una reunión que mantuvieron en Lisboa que si no se legalizaba el Partido Comunista (PCE) "no habría democracia en España". Carrillo sostuvo que en cuanto contactó con Suárez se convenció de que éste estaba resuelto "y de que el Rey estaba resuelto" a admitir la existencia de una democracia parlamentaria. "A partir de ese momento no tuve ninguna duda ni en el tema de la monarquía porque el rey era el líder político del reformismo del régimen".

Respecto a sus relaciones con la antigua Unión Soviética, Carrillo señaló que se llevó mucho mejor con Stalin y con Kruschev que con Breznev, que no paró hasta conseguir que perdiera el liderazgo del PCE. "Breznev había jurado terminar conmigo desde la Conferencia del Movimiento Comunista de 1970 ó 1971. Allí me dijo: 'Ten mucho cuidado con lo que vas a decir porque te juegas la amistad de un país de 200 y pico de millones y de un partido de 14 millones. Piénsalo con la almohada'".

Según él, Breznev quería que no criticara la invasión de Checoslovaquia (1968) y que no hablara de las relaciones con China, además de que tampoco le gustaba el tono eurocomunista (comunismo democrático) de su discurso. Al rechazar las exigencias de Breznev, la embajada soviética en Madrid se convirtió, posteriormente, "en un lugar de conspiración" contra su ejecutiva.

Las crisis políticas

Las peculiaridades de la transición abrieron profundas crisis en un PCE dirigido férreamente por Carrillo; la fundamental (1981, subsiguiente a la que habían experimentado el PSUC catalán y el PCE vasco, el EPK), con los llamados renovadores que se solidarizaron con el dirigente nacionalista vasco Roberto Lertxundi, mostraron su desacuerdo con la organización del partido y con la rigidez de sus planteamientos y fueron expulsados del Comité Central (Tamames y Almeida entre muchos otros).

Carrillo se impuso a los renovadores en el X Congreso (julio de 1981), pero el desastre electoral en las elecciones andaluzas (mayo de 1982), primero, y en las generales a continuación (octubre de 1982, en las que el PCE perdió 19 diputados, pasando de 23 a sólo 4), provocó una primera dimisión calculada y no admitida (junio de 1982, en la que impuso al Comité Central unas fuertes condiciones para continuar en el cargo) y después una dimisión irrevocable (6.11.1982), sucediéndole el dirigente comunista asturiano Gerardo Iglesias.

Esta vez, su estrategia le fallaría: Iglesias, considerado hasta entonces como un hombre de absoluta confianza de Carrillo y un secretario general de transición o títere, rompió casi inmediatamente amarras con el sector carrillista del partido, dando lugar a una serie de encuentros dialécticos que determinaron la salida del PCE de los prosoviéticos de Ignacio Gallego (enero de 1984, para formar el Partido Comunista de los Pueblos de España, PCPE), primero, y más tarde la de Carrillo y sus seguidores (15.4.1985), después de acusar a la dirección comunista de liquidacionista.

Tras su 'autoexclusión' del PCE

«Autoexcluido» del PCE (según la terminología aplicada en el momento), Carrillo decidió crear (noviembre de 1985) la Mesa para la Unidad de los Comunistas (MUC), formación que pasaría a denominarse Partido de los Trabajadores-Unidad Comunista (PTE-UC) y con la que acudió a los comicios generales de junio de 1986, no consiguiendo el acta de diputado. Un nuevo fracaso electoral (elecciones europeas del 15.6.1989), le convenció de no volver a concurrir a nuevos comicios.

Tras numerosas negociaciones, Carrillo firmó el ingreso de los miembros del Partido de los Trabajadores de España (PTE) en el PSOE (27.10.1991), como una corriente interna bajo el nombre de Unidad de Izquierda, aunque él rechazó ingresar en las filas socialistas por considerar que su larga historia de dirigente comunista le concedía autoridad moral para sostener la posición de sus camaradas, pero le inhabilitaba para desempeñar cualquier papel protagonista. No opinó así su mujer, Carmen Menéndez, que sí ingresó en el PSOE (29.10.1991), al considerar que "soy una militante de base y no he tenido responsabilidad en el Partido Comunista de España".

Apartado desde entonces de la política activa, Carrillo se dedicó a escribir libros y artículos en los medios de comunicación y a dar conferencias. El 30.11.1993 presentó en Madrid sus Memorias en un acto apadrinado por Rodolfo Martín Villa y Alfonso Guerra. En 1984 renovó su carnet de periodista y pasó a dirigir el entonces semanario Ahora.

En octubre de 2005 recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que era rector Ángel Gabilondo. Carrillo reivindicó la reconciliación nacional, pero un grupo de unos 40 ultraderechistas trató de reventar el acto al grito de "asesino". Hubo dos detenidos. Allí, Carrillo dijo: "He llegado hasta el día de hoy animado por el sueño de otro mundo, un planeta poblado por mujeres y hombres plenamente libres. Mi generación y las pasadas lo intentaron sin conseguirlo plenamente. Pongo mi esperanza en las nuevas generaciones" (El País, 21.10.2005). Las páginas de Internet del entorno ultraderechista y el programa de Federico Jiménez Losantos en la Cadena Cope, propiedad de la Conferencia Episcopal, habían animado la protesta contra la concesión del título académico a una de las mayores bestias negras del franquismo.

Es autor, entre otros, de los siguientes libros: Después de Franco, ¿qué? (Ediciones Sociales, París, 1965), La JSU está forjada en el yunque de la lucha (JSU, Toulouse, 1946), Sobre algunos problemas de la táctica de lucha contra el franquismo (Ediciones España Democrática, Montevideo, 1961), Eurocomunismo y Estado (Editorial Crítica, Barcelona, 1977), Partido Comunista de España (Editorial Albia, Madrid, 1977), La propuesta comunista (Editorial Laia, Barcelona, 1977), Un futuro para España, Libertad y socialismo, El año de la Constitución (1978), Memorias de la Transición (1983), El año de la peluca (1987) y Memorias (1993).

Fue diputado del PCE por Madrid en las Legislaturas Constituyente (1977-1979), I (1979-1982) y II (1982-1986).

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