6 de diciembre de 2019, 9:32:17
Opinión


Cataluña habla para el exterior

Por Jesús Conte


Vista la cerrazón de la clase política española, sea de derechas o de izquierdas, y atendida la ceguera de la mayoría de medios de comunicación "nacional", o sea editada o emitida en Madrid, a escuchar ni siquiera el argumentario de la Generalitat, de Artur Mas y de CiU en pro del derecho a decidir si se quiere un Estado propio, los nacionalistas catalanes buscan refugio en el exterior.

Pretender hacer pedagogía en el resto de España ya es clamar en el desierto. Lo procuró Jordi Pujol pero su sucesor arroja la toalla en este quehacer. ¿La solución? Internacionalizar el conflicto. Ya que no te escuchan en España, a ver si el mundo quiere oír la buena nueva.

Esto se está produciendo por una doble vía. Por un lado, porque la fiebre nacionalista de Cataluña ha despertado el interés de los medios de comunicación extranjeros. Y por otra parte, porque la propia Generalitat se ha fijado el objetivo de explicar la realidad de Cataluña ante los altavoces foráneos. Para ello aprobó un plan a tres o cuatro años vista llamado "Eugeni Xammar", en homenaje a un corresponsal catalán con ese nombre.

Tengo que decir que los corresponsales extranjeros acreditados en España suelen vivir en una burbuja en Madrid, maleable en función de la fuente a la que recurran. Cataluña la veían lejos y no solían venir si no se les invitaba. Euskadi era otra cosa, había morbo y sangre y eso sí que les hervía la sangre y el instinto periodístico, tanto como a Hemingway y Orson Wells les atraía los toros. Después de la manifestación de la Diada, los periodistas extranjeros se empiezan a enterar de qué va la película. Un poco tarde, quizás, de ahí les vienen ahora las prisas por aterrizar en Cataluña y hablar con todo quisque, incluso desplazarse a Vic, la otrora Cataluña profunda. Mientras, en el Madrid DF, el Madrid oficial, siguen en Babia. "Ya bajará el suflé" dicen. O "la espuma".

Los mandamases de la Cataluña actual tienen además una ventaja añadida: la mayoría de ellos se expresan con mucha soltura en diversos idiomas, de modo que no necesitan traductores para hablar claro y que se les entienda. Incluso también hablan muy bien el castellano, pero ahí parece que el ruido de fondo distorsiona su mensaje. De modo que optarán por seguir hablando para los de fuera. Que, a fin de cuentas, también tendrán que decir alguna cosa sobre si se pertenece o no a la Unión Europea. ¿O no? Lo ha escrito Ambrose Evans-Pritchard, jefe de economía del DailyTelegraph: "Lo que no entienden ni Madrid ni el ministro (García-Margallo) es que ellos ya no tienen la sartén por el mango".


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