31 de octubre de 2020, 23:25:08
Sociedad


La columna de Gema Lendoiro: "A quemar curas"

Por Gema Lendoiro


Entrar en un colegio religioso al grito de "¿dónde están los curas que vamos a quemarlos"? resulta, cuando menos, pelín raro. Especialmente si hablamos de la España de 2013. Si el asalto lo protagonizan chicos de 16 y 17 años ya me parece hasta preocupante. Pero lo que sí me parece muy, pero que muy serio es que estos muchachos, menores de edad y amparados precisamente por la siempre controvertida ley del menor amenacen con frases tipo: "Tú tócame que se te va a caer el pelo porque soy menor de edad"

¿Qué es lo que han aprendido estos jóvenes para, en primer lugar creer que los curas son una amenaza para ellos cuando no vivimos en 1940. ¿Quién les ha inculcado que tienen derecho a entrar por la fuerza en un colegio, zarandear a otras personas que nada tienen que ver con su guerra y que están legitimados por una ley que, supuestamente, los ampara? ¿Quién es el responsable de toda esta serie de despropósitos? La respuesta es sencilla: todos con nuestra permisividad.

El cambio de roles que ha sufrido la educación en los últimos 30 años sí hace honor a la famosa frase de a España no la va a conocer ni la madre que la parió. Hemos pasado de un extremo a otro sin medias tintas. De tratar de usted a los padres y mirar hacia abajo son pena de que te cayera un cinturonazo a padres acojonados por amenazantes hijos que, en ocasiones, pegan a sus padres. Y todo amparado por leyes que permiten que asesinos (como los de Sandra Palo) campen a sus anchas porque cuando cometieron sus crímenes eran tiernos menores de edad. ¿Y quién ha permitido esto? Pues todos. PP y PSOE pueden echarse mutuamente en cara lo que quieran pero ambos son idénticos responsables de que existan estas incomprensibles leyes. Pero el asunto va más allá de las leyes del menor. Mucho más.

Ahora que soy madre estoy metida de lleno esto de las modas y corrientes de crianza (ahora se llama crianza) y algunas son preocupantes. Lo que no se endereza de pequeño no se hace de mayor, decían antes las abuelas. Y no les faltaba razón. No se trata de educar con palos, ni con gritos. No es necesario y además es contraproducente. El amor hace mucho más y hace mucho bien. La permisividad y el todo vale hace mucho daño. Los límites, por mucho que a nadie le guste ponerlos o tenerlos, son necesarios. ¿Qué tipo de educación ha recibido una persona que entra en un colegio a palos reclamando curas para quemarlos?

Hay quien hasta encuentra gracioso lo sucedido en el colegio de Mérida. Yo lo encuentro preocupante, patético y sobre todo acorde con el resultado que cada año nos arrojan los datos de educación comparándonos con el resto. Estamos de primeros en nefastos resultados. Y los jóvenes de ahora son los que dentro de nada estarán ahí, gobernando para todos. No tiene ninguna gracia. A veces hay motivos para la desesperaza.

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