18 de agosto de 2019, 0:45:47
Opinión


Algunas cuentas alemanas

Por José Manuel Pazos


¿Se romperá el euro? ¿Lo abandonarán Grecia y otros como España? ¿Cuánto costaría la ruptura? Son preguntas que durante un tiempo costaba hacerse, pero que a estas alturas ya se ha hecho todo el mundo. Todas ellas continúan sin tener una respuesta definitiva, pero es frecuente encontrarse cada semana con propuestas. La pasada se nos ofrecía el resultado de un estudio econométrico encargado por la Fundación Bertelsmann sobre el coste que para la economía mundial tendría el abandono del euro por parte de Grecia, Portugal, España e Italia. El estudio analiza el impacto en los acreedores de estos cuatro países, pero también las consecuencias sobre el crecimiento mundial a lo largo de un periodo de ocho años. La estimación del valor del impacto es de 22,3 billones de dólares hasta 2020. Sirva como referencia de medida el PIB mundial, con una cifra cercana a los 60 billones de dólares. Para Alemania, estima el estudio que el impacto de la salida de Grecia, sumaría, entre deuda incobrable e impacto económico, un total de €137 MM (mil millones), cifra que en el caso español habría que multiplicar por seis, correspondiendo €167 MM a pérdidas de acreedores por financiación y €625 MM a impacto en el PIB alemán. En cualquier caso, consecuencias que el estudio califica como "devastadoras" para la economía mundial. Como el ambiente de la semana ha sido más bien relajado, el estudio no ha tenido demasiado eco, pero antes de que la actualidad de corto plazo lo deje arrinconado, merece tener una mención. Baste recordar que el Presidente de Francia ha vuelto a referirse de forma un tanto confusa a dos velocidades dentro del euro en el marco de las difíciles, y todo indica que tensas,  negociaciones sobre la unión bancaria de la semana pasada.

Aunque por primera vez en las más de quince cumbres de "decisivas" esta última había logrado rebajar el listón de las expectativas, lo que está en discusión es el paso más importante en cuanto a integración que la UE está dando desde el nacimiento del euro. Con todo, y a pesar de su más bajo perfil, el viernes ya se notaban algunos signos de cautela, visibles entre otros a través de la relación euro/dólar, pero sin que de momento se haya activado algún tipo de alarma especial.

Lo más importante para España es que Alemania rechaza que la recapitalización bancaria con dinero europeo vaya directamente a las entidades con carácter retroactivo, y por lo tanto ni España y desde luego tampoco Irlanda podrán aspirar a que tal ayuda no compute como deuda pública.

Los tiempos en los que se tiene que mover la ayuda a España no dejan margen para esperar a que se perfeccionen normas y calendarios, que habrán de cerrarse en lo que queda de 2012 y buena parte de 2013, de modo que los 40.000 millones que el Gobierno dice que se precisarán (ya tiene reconocidos 30.000 y serán más según Goldman Sachs), contabilizarán como deuda pública, y su devolución con cargo a nuestros impuestos será preferente frente a cualquier otro tipo de gasto público si finalmente los bancos no atendiesen los compromisos.

Esta semana está previsto que se hagan públicas conclusiones de la reunión europea y todo indica que será el miércoles cuando el Presidente del BCE celebre una extrañamente aplazada rueda de prensa en la que presentará sus conclusiones.
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