3 de abril de 2020, 3:57:38
Opinión


El que paga manda

Por Bruno Traben-Mitbe


Si Aristóteles decía que la naturaleza aborrece el vacío, en pocos aspectos de la realidad eso es tan cierto como en política. Los vacíos de poder tienden a llenarse a velocidad de golpe de estado. El proceso de la unificación europea, se inspiró en el alemán, con su Zollverein o unión aduanera como paso previo a la monetaria y luego política. Pero no fue un proceso democrático. Prusia laminó a los demás y convirtió a su capital, Berlín, en la del Reich después de tres guerras usadas para forjar el espíritu nacional alemán; contra Dinamarca, Austria y Francia. Es cierto. Hoy muchos europeos se sienten como aquellos ciudadanos anexionados a Prusia de los ducados de Schleswig, Holstein, del reino de Hannover, del Electorado de Hesse, el Ducado de Nassau, Renania o Westfalia. Las divisiones de infantería prusiana han sido sustituidas por los euros en formaciones millonarias, y el poder germano levanta ampollas en los estados más débiles del sur de Europa.

¿Pero cómo se sienten los alemanes? Pues en un sentido llenando de manera natural y aristotélica el vacío de poder de una Unión Europea paralizada por los nacionalismos, la burocracia y unas instituciones diseñadas para unos pocos países con economías más o menos comparables. En otro poniendo parches a los errores populistas o trapaceros de los políticos griegos, irlandeses, italianos, portugueses, chipriotas o españoles. Y Angela Merkel no quiere dar a sus compatriotas la impresión de estar financiando con sus impuestos a los manirrotos españoles o los trapaceros chipriotas. Mucho menos a seis meses de las elecciones en Alemania y cuando los contribuyentes de ese país tienen la sensación de estar siendo ordeñados por esas penínsulas mediterráneas que cuelgan por el sur a modo de ubres. Y no sólo se sienten los paganos de desmanes ajenos, también están hartos de ser acusados de haberse llevado a Manolete por delante con sus astas de miura aquella tarde en Linares. A los políticos de los países rescatados o con políticas de austeridad impuestas desde la Unión Europea les viene muy bien esquivar las acusaciones y señalar de soslayo a Berlín, como el catalán Artur Mas hace a su vez con Madrid, pero el hartazgo germano es cada vez más evidente. Está semana, a propósito de Chipre, un titular del Bild se quejaba de cómo siempre se acusa a los alemanes de todo en Europa.
En un mundo cuya información se basa en las imágenes trasmitidas en tiempo real a cualquier parte del planeta los alemanes han visto en sus pantallas a su canciller caricaturizada con un bigotillo a lo Führer, esvásticas y toda la parafernalia asociada con lo peor de un pasado que los alemanes nunca acaban de dejar atrás. En Nicosia las banderas de la embajada alemana han sido arrancadas y hechas jirones.

El tópico de recurrir a Hitler para dramatizar cualquier situación es tan banal que dio lugar, hace ya más de veinte años al enunciado de la ley de Godwin, o regla de analogías nazis de Godwin: "A medida que un debate se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno". Y el que lo menciona pierde la discusión. No es el cuarto Reich, como publica Le Monde, ni las divisiones pánzer con banderines de quinientos euros en sus antenas que cree ver Juan Torres en lontananza. Un poco de autocrítica y a cada cual lo suyo. Las instituciones europeas no funcionan. La Comisión Europea es una jaula de grillos, el Parlamento una cámara tan inútil como el Senado en España y el presidente del Consejo, Van Rompuy se dedica a minar la poca autoridad que tuvieran antes.

Ese vacío de poder, del cual no se puede responsabilizar a los alemanes ni a la Merkel, tiende a ser llenado por el más fuerte. Que resulta ser, además, quien paga en última instancia el dumping fiscal de Irlanda, la construcción de viviendas vacías en España, el gasto descontrolado de los italianos, la estafa piramidal de los bancos chipriotas, el timo de las estadísticas griegas falsas para engañar a los demás europeos o los derroches de nuevos ricos de Portugal. Y el descalabro financiero de todos ellos mientras insultamos a los que tiran de chequera. ¿De qué nos quejamos? ¿De que quien paga manda?
 
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