19 de octubre de 2020, 17:34:30
Música

Crónica del concierto en Joy Eslava


Nick Lowe pasa con nota la prueba del algodón en Madrid

Por Sergio Ariza Lázaro

Lo bueno de escuchar las canciones al descubierto, en su más primitivo esqueleto, es que es como la prueba del algodón, las que pasan la prueba, como las de Nick Lowe, demuestran que detrás de ellas hay un gran compositor. Lo malo es que como dice el propio Lowe, es más divertido tocar con (y escuchar a) una banda pero la situación financiera de la música es tal, que artistas de la talla de Lowe tienen que sacar dinero de alguna parte para sustituir a la (nula) venta de discos. Claro que, por otra parte, permiten descubrir el lado más íntimo y lírico del artista. Fue lo que sucedió este miércoles por la noche en la Joy Eslava de Madrid.


Para salir triunfador de una velada así, en la que el artista solo tiene una guitarra acústica como compañera en el escenario, además de tener un repertorio a prueba de bombas, hay que ser un buen comunicador y, por encima de todo, un gran intérprete. Lowe demostró que no sólo es un enorme compositor sino que a la hora de defender sus canciones es todo un maestro. A pesar de que avisaba de que andaba corto de voz y podría escapársele algún 'ruido gracioso' , lo cierto es que le supo sacar todo el partido a su voz.

Con un repertorio como el suyo podría hacer cien conciertos pero prefirió centrarse en su última etapa, la más clásica, la que se abre con el gran 'The impossible bird' y llega hasta el último 'The old magic'. Del primero sonó 'I live on a battlefield', canción que compuso junto a Paul Carrack, y del segundo 'Stoplight roses', 'I read a lot', 'Somebody cares for me' o, por encima de todas, la preciosa 'House for sale' que fue uno de los momentos de la noche. De esta misma época también destacaron la divertida 'I trained her to love me', que demuestra que además de un maestro de las melodías, Lowe es un gran letrista, o 'Rome wasn´t built in a day', una canción tan buena que no necesita mucho más para emocionar.

Pero, por supuesto, también hubo tiempo para los clásicos de cuando Lowe era el 'Jesús de lo cool' y hacía 'Puro pop para la gente de ahora'. Así de segunda canción nos regaló 'Heart' , a mitad de concierto, y sin previo aviso, soltó 'Cruel to be kind', una canción tan redonda que podría ser la cuadratura del círculo, sonó también la dulce 'Raining, raining' de 'Nick the knife' y como dos últimas canciones antes de los bises, 'Without love', que podría haber sido un éxito para Elvis o Johnny Cash en Sun Records, y 'I knew the bride (when she used to rock'n'roll)', canción que llevó al éxito su compañero en Rockpile, Dave Edmunds. Volviendo a Rockpile, con el primer bis, Lowe se volvió a sacar un as de la manga con la mejor canción de su único disco, 'Seconds of pleasure', la inmortal 'When I write the book', y luego hizo lo mismo con su primer grupo, Brinsley Schwarz, al tocar '(What´s so funny 'bout) Peace, love & understanding'. Todo parecía marcado para que Lowe terminase de sacar su póker de canciones y rematase con la increíble 'The beast in me' pero, como buen tahúr, se sacó de la manga otro as, pero esta vez de la 'baraja' de su colega y amigo Elvis Costello, para cortar la respiración de todos con una lectura magistral de 'Allison'. Demostraba así que no solo es un gran compositor e intérprete, sino que fue algo así como el Phil Spector de la New Wave, produciendo discos tan remarcables como los cinco primeros de Costello, el primero de los Damned, el primero de los Pretenders o alguno de los mejores de Dr. Feelgood.

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