23 de septiembre de 2020, 12:00:53
Opinión


Rajoy, es para hoy

Por Fernando Jáuregui


Por esta vez, me parece que el líder de Comisiones Obreras, de quien no soy lo que se dice un fan, tiene razón. Seis millones doscientos y pico mil parados justifican, según Toxo, hablar de una situación de emergencia. Y que salga al ruedo el presidente del Gobierno, y no un sustituto ni siquiera muy cualificado, a convocar un pacto nacional por el empleo.  Un pacto que incluyese organizar las medidas que han alterado ya profundamente las previsiones presupuestarias para 2013, y un nuevo marco para una economía de sangre, sudor, lágrimas, esfuerzo... y éxito futuro. Nada de esto se ha hecho, pese a los afanes de explicación que protagonizaron este viernes los ministros de Economía y Hacienda, junto a la vicepresidenta, tras el Consejo de Ministros 'decisorio'. Menos mal que, finalmente, imperó un cierto buen sentido y el gobierno anunció una próxima comparecencia de Rajoy ante el Parlamento para hablar de manera monográfica de las medidas económicas.
 
Con todo el respeto que siento y proclamo por Mariano Rajoy, me parece que corre el riesgo de convertirse en el gran obstáculo para una evolución adecuada de unos acontecimientos que, obviamente, él no ha propiciado, pero que, desde luego, están ahí, tozudos. Rajoy, que desoye sistemáticamente cuanto decimos los medios de comunicación  --él presume de no leer los periódicos--, está llevando al límite su táctica, que es toda una estrategia, de dejar que se pudran los problemas. Lo cual deriva en que, en efecto, unas veces los problemas mueren de consunción y desaparecen. Otras, se enquistan y puede llegar la gangrena. Lo malo es que resulta muy difícil saber cuándo los resultados son unos u otros, y la inacción, o la acción insuficiente, puede tener muy malas consecuencias. Menos mal, ya digo, que 'in extremis' el gobierno ha pedido una comparecencia parlamentaria que, a este paso, va a ser histórica.
 
Ya se ha dicho muchas veces que los cambios no tienen por qué comportar 'el Cambio', y lo que ahora se precisa es un Cambio con mayúscula, no unos parches; una nueva forma de gobernar, de llegar a acuerdos con todos los sectores, de tomar medidas con el mayor consenso posible. Y, por cierto, medidas de largo alcance. Pienso que Rajoy tiene que cambiar algunos rostros en su Gobierno -hay muchos rumores que hablan de determinado(s) ministro(s) descontento(s)--, pero, sobre todo, ha de modificar su propio comportamiento: de nada sirve proclamar desde voces oficiosas que el presidente español aparece ante la prensa más que Hollande u Obama, sea o no exacto, porque ocurre que, tal vez, dadas las circunstancias nacionales, sus comparecencias públicas sean más necesarias que las de los presidentes francés o americano, pongamos por caso.
 
Sé que lo que voy a decir podría ser tomado a risa por algunos, pero aseguro que lo digo muy en serio: Rajoy, a quien es difícil arrancarle un titular, tiene, sin embargo, ciertas propiedades taumatúrgicas. Es decir, que puede, si se pone a ello y hasta cierto punto, realizar el prodigio de calmar los vendavales que, con toda lógica, nos azotan a los ciudadanos en esta, vuelvo a citar al señor Toxo, situación de emergencia. Pero ya digo: cuando el taumaturgo no ejerce, por pereza, dejadez o porque no quiere ponerse a prueba, no vaya a ser que el personal descubra que no tiene los poderes milagrosos que se le atribuyen, entonces la cosa no va. Así de simple. Menos mal, y lo digo por tercera vez, que alguien, quizá él mismo,  se ha dado cuenta de la clamorosa ausencia presidencial. Y lo va a llevar al Congreso de los Diputados para algo más consistente que una mera sesión de control, de esas de los miércoles que, la verdad, no sirven de gran cosa.


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