16 de septiembre de 2019, 15:04:44
Opinión


Volver a la Europa coral

Por Pablo Faura Enríquez

Coautor: Óliver Soto Sainz


En 1985 se acordó que el himno oficial de la actual Unión Europea fuera un fragmento de la Novena Sinfonía de Beethoven y no es casualidad. Esta obra es también conocida con el sobrenombre de "Coral", porque en su último movimiento irrumpen decenas de voces cantando al unísono la Oda a la Alegría.
 
La actual Unión Europea, que hoy cuenta con 27 miembros (28 a partir del 1 de julio con el ingreso de Croacia) y es el espacio de libertad y democracia más poblado del mundo, fue concebida desde sus inicios como una obra coral. Robert Schuman, en su declaración del 9 de mayo de 1950 que da sentido a que en esta fecha celebremos el Día de Europa, ya hablaba entonces de una "obra de conjunto", para lo que se hacía necesario crear una "solidaridad de hecho".
 
Estados que pocos años antes se encontraban en guerra fueron forjando poco a poco este proyecto común. Primero una comunidad del carbón y el acero para ir dando lugar a una verdadera comunidad económica en sentido amplio, la libre circulación de mercancías y personas, un parlamento mucho más influyente de lo que comúnmente se piensa, el concepto de ciudadanía europea, una moneda única; la lista de logros es muy extensa. El sentido comunitario permitió éstos y otros progresos y, dicho sea de paso, contribuyó a que estados como España pudieran acelerar su desarrollo social y económico gracias a los fondos de cohesión.
 
Sin embargo, la complicada situación económica y social que vivimos y las políticas miopes planteadas en clave exclusivamente estatal por algunos de sus líderes actuales han llevado al proyecto europeo a un punto en el que su esencia misma parece estar en entredicho. Como resultado directo de ello las corrientes euroescépticas y los nacionalismos han ganado posiciones en toda Europa. Basta atender a los alarmantes resultados obtenidos por Marine Le Pen hace un año en las elecciones presidenciales francesas por no hablar del ascenso en Grecia del siniestro partido neonazi Amanecer Dorado.
 
No obstante, si nos rigiéramos por la lógica racional, el contexto global debería actuar como una fuerza centrípeta del proceso de construcción europea. La ineficacia del BCE en esta crisis ha venido, precisamente, de no actuar como un banco central tradicional defendiendo su moneda, al estilo de la Reserva Federal. La principal debilidad de la deuda soberana es que se encuentra segmentada por estados, por lo que es más sencillo para los especuladores lanzar ataques contra un determinado estado en particular para hacer subir los tipos de interés que obtienen por su adquisición, algo que sería difícilmente realizable si existieran los eurobonos. La falta de peso de la Unión Europea a nivel internacional deriva del papel secundario que juega su, por otro lado siempre ausente, representante para asuntos exteriores y de seguridad.
 
Tampoco parece haber contribuido a mejorar la situación la ineficaz y errática manera del Eurogrupo de gestionar el rescate a Chipre, que no tuvo reparo en proponer inicialmente medidas que contravenían las propias normas comunitarias y, de paso, menoscabar gravemente la confianza en el sistema financiero europeo. Desde que estalló la crisis la falta de sentido comunitario (o común a secas) y la perplejidad parecen imperar en la Unión.
 
En definitiva, fortalecer la Unión Europea no es ya una opción, es una necesidad si Europa no quiere quedar relegada a un papel irrelevante en el mundo. Se hacen precisas instituciones fuertes con capacidad, pero también con la determinación, de gobernar y poner límites a los mercados. Solamente bajo estos presupuestos podrá la Unión defender de manera efectiva, dentro y fuera de su territorio, un modelo de respeto a los derechos humanos y la democracia sobre el eje de los valores tradicionales de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.
 
La Unión Europea no se puede permitir continuar sometida a la imposición de los intereses nacionales de algunos estados miembros. Los ciudadanos europeos deberíamos reclamar a nuestros gobernantes que recuperen el sentido comunitario del proyecto, basado en la solidaridad entre hombres y pueblos para defender un modelo social que garantice la igualdad de oportunidades y que favorezca el acceso universal a la cultura, el conocimiento y el pensamiento crítico como motor de nuestro desarrollo social, científico y económico.
 
Comienza a ser perentorio que avancemos, cuanto antes, en el proyecto de una Europa federal, profundizando en la democratización de su funcionamiento y favoreciendo la existencia de una opinión pública europea frente a la confrontación de intereses estatales. Debemos, cuanto antes, volver al proyecto de la Europa coral esbozado por Schuman en 1950 que nunca debimos abandonar.


* Pablo Faura Enríquez es abogado en ejercicio especializado en Derecho de la UE y de la Competencia y Derecho Corporativo y actual presidente de Jóvenes Europeístas Federalistas de España (JEF-España)

* Óliver Soto Sainz, politólogo y actual vicepresidente de Jóvenes Europeístas Federalistas de España (JEF-España)
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