14 de julio de 2020, 14:35:32
Opinión


¿Qué hacemos con la infanta Cristina?

Por Carlos Carnicero


De la noticia que congela o suspende la imputación de la infanta Cristina de Borbón, en la causa abierta por la fundación Nóos, podría desprenderse de que sus problemas con la Justicia han acabado. No es así. Se suspende la imputación pero continúa la investigación, sin que sea llamada a declarar, por el momento.

   Hay una noticia importante: se conmina a Diego Torres para que suelte todo lo que tenga contra Iñaki Urdangarin y su esposa. Se le ha acabado el dosificador, que sin duda ha estado empleando como instrumento -¿legítimo?- de chantaje. Está claro que pretendía forzar el cierre del caso, amenazando con complicar a la infanta de España. Ahora tiene oportunidad de decir o aportar lo que quiera, de una sola vez, de golpe, o callar para siempre.

   A la infanta le amenazan causas distintas de la principal, el caso Nóos, relativas a defraudaciones graves a Hacienda. No se ha librado, todavía, de la picota pública ni de la amenaza de ser procesada.

   Hasta el auto dictado por la Audiencia de Palma de Mallorca, no había indicios objetivos para considerar que la infanta haya recibido trato de favor. De la lectura del auto pueden desprenderse sensaciones, prejuicios o sospechas de que ha habido una maniobra política para proteger a la hija del Rey. Pero no hay una vulneración visible de las reglas de derecho para determinar que se quiera cerrar en falso el caso que atañe a la Casa del Rey.

   La posible imputación y procesamiento de una hija del Rey Juan Carlos es un asunto que tiene muchas aristas. Se observan y se observaran con lupa todos los pasos de la Justicia, en la sospecha permanente de que se puede cerrar el caso en falso. A estas alturas, no es fácil hacer trampa en el proceso. Tan malo sería una hipotética condena de una infanta de España como la demostración de que la Justicia no es igual para todos los ciudadanos. Sobre todo en un momento en que los españoles no respaldan a la Corona.

   Hacer "lo mejor para España", para proteger a la Corona, es hacer sencillamente trampa. Lo mejor para España es que prevalezca el Estado de Derecho y que la Justicia trate a la infanta Cristina como lo haría con el más humilde de los ciudadanos.

   Lo peor de todo, la mayor preocupación para la Corona, va a ser el juicio oral de los casos que atañen a la infanta y a su marido. Cuando suban los testigos y los acusados al estrado y se crucen reproches y acusaciones. Y se empiece a preguntar cómo intervino en Rey en estos asuntos.

   El daño a la Corona no lo hace el proceso. Lo hizo un arribista aventurero, casado con la hija del Rey, que se enriqueció utilizando sus influencias y su pertenencia a la Casa Real. También la infanta Cristina, culpable o no, que no preguntó de donde salía tanto oro que tanto relucía. A los demás solo nos resta tratar de ser objetivos sin estar pendientes de razones de oportunidad para proteger a una Monarquía que no se ha sabido proteger a sí misma. ¡Qué cada palo aguante su vela!
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