31 de octubre de 2020, 3:09:24
Sociedad


La columna de G. Lendoiro: ¿Qué era sagrado? ¿La vida o el aborto?

Por Gema Lendoiro


Quienes deciden el significado de las palabras concluyen que lo sagrado es algo que es digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad, que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales de carácter apartado o desconocido, que pertenece o es relativo al culto divino, que es digno de veneración y respeto y, en último término, un lugar que, por privilegio, podía servir de refugio a los perseguidos por la justicia. Y no vienen más acepciones. Luego, claro está, se pueden hacer las interpretaciones. Y estas pueden ser muy acertadas o dispares según quien o quienes las interpreten. Y eso, señores, pues es libre. 

De tal manera es así que ayer las cachondonas ¿feministas? de femen irrumpieron el congreso con su excelente capacidad oratoria, esto es, mostrando las lolas, para decir que el aborto es sagrado. Ahí queda eso. Podían haber venido unos tipos del ku kux clan y haber dicho: la pena de muerte es sagrada, pero vinieron ellas que, para qué engañarnos, dan más juego a sus señorías y a quienes contemplan desde el sofá de sus casas sus tetas, muy ricas (según he escuchado en comentarios varios). Al menos nos reímos. Señoras y señores a partes de iguales. 

Estas estupendas cañones, porque he de decir que están (todas y siempre) muy buenas, usan sus tetas para defender aquello que no les parece justo. Ellas dicen que están a favor de las mujeres pero no es verdad. En realidad están en contra de la Iglesia Católica y también de otras confesiones religiosas como el islam por el trato que estas dan al colectivo que ellas defienden. Parece lo mismo pero no lo es.

La mezcla de conceptos es tan dispar que llegan a defender que el aborto es algo sagrado cuando, es obvio que no lo es. En todo caso es un derecho y no en todas partes por igual. Por ejemplo, en España, lugar donde ayer protestaron, sí es un derecho. Un derecho que con la entrada en vigor de la nueva ley de Gallardón muchas personas ven mermado. Desde luego están en su derecho de protestar como les venga en gana, ¡sólo faltaría! pero decir cosas que no son, pues no: el aborto no puede nunca ser sagrado entre otras razones porque la semántica así no lo admite. Lo que sí es sagrado es la vida humana. Y esto no lo digo yo, o dice la ley natural. Por eso el instinto de supervivencia es el más fuerte de todos los que tenemos los seres vivos.

 

Las leyes, casi sin excepciones, tienen detrás el debate sobre la línea que separa lo ético de lo legal, de manera que robar por tener hambre puede ser un delito pero no algo éticamente reprobable (o sí, depende de a quién se lo preguntes) o la pena de muerte que puede ser éticamente reprobable pero en algunos países es legal. Es más, en algunos países es apoyada por la inmensa mayoría de la población lo que no deja de ser una paralización de la vida. La línea que lo separa es muy tenue y depende de los estados se trapasa o no. Pero que lo ampare un derecho no le quita la circunstancia de pararalizar una vida, ponerle fin, llámese como se llame, esta vida deja de existir. Con el agravante de ser cometido por el estado en un caso y por la madre, en el otro. Se puede denominar de la manera que uno quiera pero la ciencia, obstinada ella siempre dirá lo mismo: con el aborto el corazón deja de latir. Y cuando el corazón deja de latir viene la muerte. Llámelo usted como quiera, pero ese cuerpo deja de tener vida. Quien haya estado embarazada sabrá que desde la ecografía de las 5 semanas se puede escuchar el latido, alto, claro, conciso y rápido. 

 

 

Decir que el aborto es sagrado resulta tan chocante como una manifa contra la droga patrocinada por Laureno Oubiña, o un concurso de stop accidentes al volante en la que se le da a los conductores birras a mansalva para que conduzcan mejor. Tampoco resulta muy convincente enarbolar la bandera del feminismo enseñando las tetas cuando precisamente esta corriente, tan necesaria y cada vez más, desecha el uso sexual que buena parte de la sociedad le da al concepto mujer. Claro que hoy día las coherencias se empiezan a diluir cada vez más y tampoco parece lógico que un sindicalista se quede con la pasta de los trabajadores y se la gaste en cigalas...pero de todo tiene que haber en la vida.

 

Y, desde luego añado, muy en la línea de Almudena Grandes, que una feminista que está buena no puede ser de fiar...Amos hombre

 

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