15 de septiembre de 2019, 20:34:34
Teatro

Crítica teatral


'El castigo sin venganza', en estado puro, de la mano de RAKATá

Por José-Miguel Vila / @josemiguelvila

La  Fundación Siglo de Oro (RAKATá),  ha presentado  estas últimas semanas   en Madrid  dos montajes  paralelos   de  otras  tantas obras de Lope de Vega en   los Teatros del Canal. En concreto, han  llevado a escena   dos de las joyas literarias  más importantes  del teatro español  de todos los tiempos: "El perro del hortelano" y "El castigo sin venganza", dos   de las mejores obras    del  poeta, novelista y dramaturgo español de quien, cada vez que  releemos   o  asistimos  a un nuevo montaje  de  sus obras,  creemos  más que  ajustado   el   apelativo  con el que se le conoce: el  Fénix de los ingenios.


La fecundidad literaria de Lope de Vega  (1562-1635), es mucho más que  impresionante, ya que   escribió unas 1.500 obras teatrales (muchas de ellas perdidas). Pero  mucho más  que   su  prolífica pluma, hay que  poner el acento  en  la altura literaria  de la práctica totalidad  de su producción. Más aún,  la de estas  dos obras  que la compañía  RAKATá  se ha atrevido a   llevar simultáneamente a la escena  y con un plantel  de  extraordinarios  y tan  jóvenes   como sobradamente preparados actores.

No  pude asistir   al montaje  de "El perro del hortelano", aunque presumo  que  debió de estar a la altura  de "El castigo  sin venganza" porque  la gran  bondad de  grupos  como  este  es que   todos los  actores,   a quienes da cobijo  la  compañía, alcanzan  una altura y una homogeneidad   que contribuyen, si  cabe, a engrandecer  todo lo que  se decide  llevar  al público. En concreto, y en este caso, la dirección de Ernesto Arias ha hecho posible  que  la austeridad  del montaje  (apenas  6 columnas  en el escenario), una iluminación   correcta,  nada espectacular, y una música  elegida con  tino para potenciar los estados de ánimo  de los personajes  en cada escena, no  fueran más que el  aditamento necesario  para que  brillase,  sobre todo, lo que debía  brillar: el texto, la palabra culta, refinada, sensible, erudita, apasionada  y brillante  del  autor, de don Félix Lope de Vega y Carpio.

Este es, a mi juicio, el mayor acierto  de  la dirección del espectáculo, haber puesto  el mayor énfasis  en que  los actores   dieran en el clavo  (y  vive Dios, que lo han conseguido) al decir el verso  de manera  clara,  con la intención  justa  en cada momento del espectáculo. Nombres como Alejandra Mayo (Casandra), Pablo Gómez-Pando (Conde Federico), Jesús Fuente (el Duque), Alejandro Saá (Batín), Alicia Garau (Aurora) y Elena González (Lucrecia), nos hacen  albergar  la  esperanza  de que   hay  escuela, hay seguridad  de que  las generaciones futuras  seguirán  pudiendo  escuchar   el verso  de Lope   de la mejor  manera  posible, con   la sonoridad, la cadencia  y  el énfasis  necesario  para que cada idea, cada emoción, cada  pensamiento   se den  en la medida   justa   en la palabra de cada  actor.

Un acierto más, de la variada y  rica  programación de  los Teatros del Canal,  haber rescatado para las nuevas generaciones  (la función  del  día 13 de marzo, fecha en la que pudimos asistir, estaba  repleta de jóvenes) dos  de las mejores obras deLope de Vega  y, además,  de la mano de una  joven  aunque experimentada  compañía, RAKATá.

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