11 de diciembre de 2019, 1:34:34
Opinión


El imperio de lo vulgar

Por Manuel Juliá


Virgilio, en La Odisea, nos dice que La Fama además de un monstruo mitológico portador de aciagas noticias, era también una fuerza que elevaba lo humano a nivel sobrehumano. Por eso los héroes la invocaban en la antigüedad, para que aquella criatura alada, que tenía un ojo detrás de cada pluma, hiciera que sus gestas fuesen conocidas y así pudiesen distinguirse del común de los mortales. Esa criatura, hija de Afrodita o de Gea, con su ambivalencia, lo mismo transmitía las catástrofes como la existencia de gentes con un talento superior, excepcional, y seguro que ejemplar para la propia sociedad, que sentía en esa fama un modelo para mejorar la convivencia. Hoy, en la más profunda cultura del imperio de la masa, la fama ya no alberga algo excepcional, y mucho menos está al lado de aquellos que deberían tenerla por ser la sabiduría una de sus principales virtudes. 

Kennedy Toole, en La conjura de los necios, nos dio un hermoso título que resume el camino en el que ahora nos hallamos, el de la victoria insultante de la medianía. Cuando Guy Debord nos alertaba sobre las miserias del imperio de lo vulgar, nos avisaba de que en la sociedad del espectáculo el sujeto sería la propia vulgaridad. Se elevaría a lo excepcional o virtuoso algo que en sí mismo el virtuosismo desprecia. Así vimos un día en el horroroso Gran Hermano el espectáculo de un tipo afeitándose, o unos novios dándose un pico o una discusión barriobajera de baja estopa propia de asqueroso tugurio. Y en multitud de realidades, mediáticas o reales, vemos el triunfo de lo mediocre, lo vulgar, lo poco inteligente o poco profundo. El mayor ejemplo en esto es la persistente huida de talentos de la política, creándose un cruel desapego entre la intelectualidad y nuestros dirigentes. Esta es una realidad que casi nadie niega.

Esta sociedad se está banalizando a marchas forzadas. Ya sólo están quedando recovecos y refugios para la meditación, las investigaciones serias o las angustias  metafísicas. La rebelión de las masas de Ortega ha devenido en poder constituido y constituyente. Los sueños, las utopías, la mística, el humanismo grande, el ansia de saber, el respeto al talento, la endivia sana del esfuerzo ajeno, están deviniendo en palabras vacías, flashes que se llenan de luces que lo envuelven todo hasta desintegrarlo. 

Es curioso que siendo nuestra historia la evolución de lo simple a lo complejo, ahora vayamos de lo complejo a lo simple. Lo mediocre, lo vulgar, a veces lo necio, es el norte hacia el que quieren llevarnos. Es lo de siempre, la guerra entre el poder y el individuo, entre la manada y la libertad. Creo que la única manera de no perder es que no nos conquisten adentro con su luminosa miseria.
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