17 de noviembre de 2019, 13:05:15
Opinión


El gran Berlanga

Por Manuel Juliá


Tendría que regresar atravesando las telarañas de la eternidad el gran Berlanga, para que tengamos digno director en esta patética farsa. La abundancia de enredos y trapicheos, la persistente desorganización, el torrente de personajes parlanchines (casting en el que el Consejero de Sanidad de Madrid se lleva el premio Bocazas Supremo), el galimatías de anuncios contradictorios, la certeza, a veces trágicamente cómica, de que verdaderos manazas hartos de ignorancia están manejando cosas muy serias.
Sea un virus mortal, el ébola, la tragedia de un concierto, Madrid Arena, o el trasunto de pícaros ávidos de llenarse la panza, todo se convierte en un espectáculo que no puede evitar esos tintes tragicómicos que también escenificaba el genial director valenciano. Solo con observar el montón de imputaciones en su tierra ya tendría para una trilogía, como La Escopeta Nacional, cinta por la que pasan todos los estereotipos de mangantes, atropellados lameculos, cargos públicos y demás reala de aprovechados. Aunque para ser más justos esta serie se acomoda mejor a los aires trincones de Bankia, con su retahíla de tarjeteros que seguían al poder como cabestros, al cabo para que unos pocos manejaran ingentes cantidades de millones, generando con su torpeza, avaricia, soberbia e ignorancia pozos de mugre que hemos tenido que llenar los ciudadanos con miles y miles de millones de euros. Mientras tanto la pobre gente en la calle con pancartas, pidiendo el regreso de sus ahorros vilmente esfumados por esos pícaros de cuello blanco.

El gran Berlanga habría percibido cómo la realidad es aún más berlanguiana. Tendría buen material fílmico observando la cadena de errores del ébola, tratado sinprofesionalidad, en un escenario caótico en el que una ministra aparece con rostro de ahogada, sin control de nada, y sobre todo dando la sensación de que en sus manos nadie pondría algo de importancia. Hasta el punto de que han aterrizado desde arriba sobre ella, intentando que una lucecita brille en esta oscura niebla. Imagino el mazazo mundial a la marca España por producirse aquí el primer caso fuera de Africa. La UE se desmarcó anunciando que esto era cosa nuestra.
 
No falta, como en toda película de Berlanga, el espectáculo mugroso, el humor negro, el exceso e comentaristas, el barullo como modo de razonamiento. En el asunto del ébola lo triste es que este espectáculo envuelve miles de muertes en África que nadie atiende. Y en el caso del dinero, de las panzas satisfechas, sobre ese espectáculo lo triste es que debajo hay un sistema institucional que no funciona, del que se piden a gritos grandes cambios, y el que tiene que enterarse no se entera. Así, como en las películas de Berlanga.
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