10 de agosto de 2020, 17:04:30
Opinión


Dos mujeres y un país de marujas

Por Benito Fernández


Sevilla ha estado esta semana en el, como diría una miss, "candelabro" informativo. Paseabas por el centro de la ciudad y veías gente portando cámaras y trípodes, becarios armados con micrófonos rondando la Clínica Sagrado Corazón, el Palacio de las Dueñas y el barrio de El Tardón. Otros hacían guardia, noche y día, en las puertas de la prisión de mujeres de Alcalá de Guadaira y el resto estaba apostado en las inmediaciones de la finca Cantora. Todo era expectación en espera de que los dos acontecimientos que han marcado esta semana se precipitaran.
Mientras, los programas llamados del corazón y que más que del corazón son del mismísimo trasero, creaban las necesarias expectativas en el público, dándole vueltas y más vueltas a las mismas imágenes y a sus pobres argumentos, para hacerse con el share necesario que pague las pingües nóminas de los colaboradores del Sálvame, de Ana Rosa o de cualquier otro programa basura en los que Tele 5, la tele del capo Berlusconi, basa su nefasta programación. Dos mujeres, Cayetana y la Pantoja, de muy distinto estilo, clase, educación y carácter pero ambas unidas en su pasión por el folklores y por los toros, idolatradas por miles de fans, queridas y odiadas, admiradas y denigradas, aplaudidas y abucheadas, y siempre perseguidas por los paparazzi buscando esa imagen que les salve el mes.
En la mañana del jueves, 20 de noviembre, en una fecha que ya se está convirtiendo en histórica como obituario de famosos en esta España de charanga y pandereta, fallecía la duquesa de Alba y se formaba la de Dios es Cristo. Sevilla, tan dada a secundar eventos de todo tipo, se echaba a la calle y comenzaba a hacer colas ante el Salón Colón del Ayuntamiento hispalense, como se se tratara del Pabellón de Canadá en la Expo del 92, para rendirle su último homenaje a Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, decimoctava duquesa de Alba. El consistorio calcula que han sido más de sesenta mil los sevillanos que han pasado por la capilla ardiente que estuvo abierta hasta altas horas de la noche. Otros tantos se concentraron el viernes en los alrededores de la Catedral para presenciar la llegada del féretro al templo metropolitano y su posterior camino hacia e tanatorio. La capilla de la Hermandad de los Gitanos, donde fueron depositadas parte de sus cenizas también registró un lleno total.
Mientras tanto la otra mujer, María Isabel Pantoja Martín, tonadillera de raza y torera consorte del fallecido Paquirri, aprovechaba la bulla en el centro de la capital hispalense y la aglomeración de cámaras para acercarse en coche a primeras horas de la mañana a la cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaira donde el juez la había enviado para cumplir dos años de prisión. No pudo evitar que la fotografiaran entrando en el centro penitenciario, pero al menos consiguió que su imagen no ocupara las portadas de los grandes diarios. Tal y como se le estaban poniendo las cosas, un mal menor.
Cada vez estoy más convencido que este es un país de tontos, pero de tontos con balcones a la calle, nunca mejor dicho. Y si es Andalucía, muchos más. Aquí podemos tener el récord europeo de parados, un índice de pobreza extrema, una educación bajo mínimos, los casos más escandalosos de corrupción política, desde los EREs fraudulentos a los falsos cursos de formación, que nos han costado cientos de euros a cada uno. Pase lo que pase aquí no se mueve ni Dios. A no ser, claro, que el Sevilla o el Betis ganen una copa, se muera la duquesa de Alba, se case su hija o que la Pantoja entre en la cárcel. Entonces sí, entonces todos los tontos con balcones a la calle salen de sus casas para manifestar su alegría o su dolor.
Con estos mimbres no me extraña nada que los demagogos del Podemos de Pablo Iglesias, que utilizan un lenguaje similar al que usa Jorge Javier Vázquez, Kiko Hernández, el Matamoros, la Raquel Bollo, la Patiño o la Ximénez de Cisneros convenzan al personal para que los vote. Sálvame y Podemos tienen muchas cosas en común que van desde la dictadura a la demagogia, de la simpleza a la mala leche y de adular los oídos de sus oyentes a darles lo que les divierte. Al fin y al cabo la mayoría de la gente se deja convencer por los mensajes más simples que surgen la de caja tonta. Ahora entiendo por qué el nuevo líder del PSOE, Pedro Zapatero Sánchez intervino en directo en el Sálvame.
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