13 de diciembre de 2019, 14:13:41
Opinión


Una sociedad indefensa

Por Benito Fernández


Se han limitado a cumplir sus promesas, a hacer realidad sus amenazas. Lo habían avisado reiteradamente. Internet y las redes sociales se han convertido en el mejor vehículo propagandístico de unos individuos fanáticos que parecen vivir anclados en plena edad media. El estado islámico, ese que aterroriza a medio mundo degollando a sangre fría a jóvenes occidentales y que trata de hacerse con varios países de Medio Oriente masacrando a quien se le ponga por delante, ya había avisado a Francia, a Inglaterra, a Estados Unidos, a Australia, y también a España de que sus tentáculos, infiltrados en todas las bienintencionadas y democráticas sociedades occidentales, iban a causarnos problemas. El brutal asesinato de París ha sido una pequeña muestra de lo que pueden conseguir dos o tres fanáticos armados con fusiles o bombas. Solo un aviso, una llamada de atención que podría anunciar mayores y más crueles atentados en una ladina utilización del nombre de Alá. Y la tranquila sociedad occidental se ha quedado muda, paralizada, porque no sabe como responder a esa guerra encubierta y sucia que le están planteando los fanáticos de la yihad utilizando sus propios resortes, sus libertades y sus derechos. Me imagino la risa que le habrá entrado a los dirigentes islámicos que dieron la órden de ejecutar a los compañeros de Charlie Hebdo al ver las cientos de manifestaciones en todas las ciudades del planeta en protesta contra el atentado. Al final, han conseguido lo que querían, que todo el mundo hable de ellos y sembrar el pánico en toda Europa.

Porque el gran problema es que en este río revuelto de las ideologías extremas, siempre salen ganando aquellos que plantean los maximalismos. Esos pescadores de votos que abogan ahora por la xenofobia culpando a todos los musulmanes de las barbaridades que cometen unos cuantos locos. Una demagogia que cala fácilmente en el seno de una sociedad alarmada y miedosa, que provoca el auge de movimientos políticos de corte fascista que nos retrotraen a los años treinta del pasado siglo. Y es que esta sociedad occidental, tan desarrollada y cómoda, está indefensa, carece de los medios necesarios de autodefensa para combatir situaciones de este tipo. Tenemos miles de policías, agentes locales y autonómicos, guardias civiles, bomberos, ejércitos, servicios secretos y docenas de medios para identificar y controlar a cualquiera, pero, al mismo tiempo desconocemos al vecino de la puerta de enfrente de nuestro piso a quien, si acaso, le hemos dado los buenos días si alguna vez nos hemos cruzado con él en el ascensor. No es de extrañar que cuando ocurre algún suceso morboso como un asesinato o un atentado en el que está implicado el vecino en cuestión, salga por la tele alguna Mari de la vecindad diciendo aquello de "nunca me lo hubiese esperado de él, si era la mar de amable y correcto y me saludaba todos los días..." ¿Cuántos locos como los hermanos asesinos de París hay actualmente viviendo en pisos de nuestras ciudades? 

La cuestión es qué podemos hacer los ciudadanos para defendernos en una guerra que ya ha sido declarada pero que nadie, y menos aún los poderes políticos, quiere admitir. Quizás nos estén condenado a encerrarnos en casa a leer un libro o ver la tele y evitar acudir a lugares de grandes concentraciones. Uno, acostumbrado a vivir en el cálido sur, donde la calle es el mejor escenario de la convivencia multicultural, le está temiendo a las aglomeraciones que se producen en esta ciudad con motivo de las fiestas de Primavera. Esperemos que para Semana Santa o Feria haya pasado la fiebre islamista de los atentados porque el atrezzo de la famosa Madrugá de las carreritas está aún presente en el colectivo imaginario de los sevillanos.        
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